Silencio

“Y los versos, silenciosos como un niño, que tan ajeno son tus versos, que no me inmuto y que me pierdo, el silencio me come y ya no escribo, ya no veo, ya no te recuerdo.”

Abrí la mirada
tan tiernamente dura
en tu camino de cuchillas
marcándome las llagas.

Quisiera entonces, yo
socorrerme ante la desgracia
de no tenerme en ti
pisadas mientras tanto
cobijo la sangre
que mancha mis anhelos.

Soltura un tanto enferma
que me rompo cual vaso de vidrio
y no tengo en mi esperanza
la calidez de un beso
el tuyo, tan prostituido
tan ajeno, tan efímero.

Pudiera entonces el agua dormir
mil lagrimas en el lecho de la muerte
vieja amiga, cálidos instantes
tómame la mano que me pierdo en los recuerdos
que la noche nace encinta en mis dolores
que fecundo el aire que te llevaste
que ya lo aborto y duele como un ángel.

Poema extraído de la hoja libre
Oda a Karoline von Günderrode

Estilo: Romanticismo.
Moribundo.

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Melancolía

Te dejo un verso marcando pinceles
dibujando sonrisas en el quinto de mi agonía 
un par de números inciertos
y de la nada, mi perdida sonrojada.
Quisiera la muerte contarme una historia larga
pero escondí las hojillas en tu cama y ya no vuelvo
me ronda desesperado la fatalidad y tus recuerdos
y ella de negro, buscando en tus lagrimas mis razones
“Camina descalzo” le dije, despertaría tu sueño ligero
y me tumbaría la calma a quien busques y volverás.

No vuelvas que me quiebro
y me tumban las esquirlas de tus pensamientos
antiguo es el otoño melancólico
en donde envejezco en tu memoria
me voy volviendo historia
en tus hojas mentirosas y polvorientas
que mis lagrimas se las lleva el viento
y tus palabras se las traga la tierra
que soy un verso cayendo a las ortigas
y tu un discurso vestido de prosa
que me calan tus acciones
que me matan y ya no muero
que ya no existo
y soy del inconsciente colectivo
porque escribo lagrimas
de los pinceles y mis llantos.

En la vida, la vuelta siempre dolorosa
del aprender a olvidarte
de no querer recordarte ni en palabras
ni en los granos de arena
ni en las nubes de los cielos
locura en mi entender
que me quiero desaparecer
en largos escritos un poco conscientes
que ya nos pesan los suspiros
que solo quiero dormir
una noche larga y titubeante
esperando vuelvas, por mi.

Poema extraído de la noche solitaria
Estilo: Poesía Maldita
Moribundo.

5

 

Delirio

Silencio
una lejanía sobre los vuelos
un paso falso
y cuadrados rompiéndose sobre mis besos
que ya no doy, que ya no vuelvo.

Ecos
gemidos desgraciados
camas en lirios enfermos
y una mancha en tu silencio
como un verso inolvidable
y ya no estas.

Destierro
mañanas descalzas
en pisos de vidrio
cortante como tus palabras
tu indiferencia mutilaba mis sonrisas
y un silencio palpitaba los ecos
yo ya no existía.

Desierto
que más no tengo
me quemaba los desvelos
y tu tan lejos
diciendo que me extrañas
que mentira
tu aliento desterraba mis silencios
murmullos del eco enfermo
y ya me iba.

Silencio
nada queda, pues todo olvida
que me sangra la vida y tu me olvidas
que camino viejo mundo mis pesadillas
que ya no tengo, me bebo la vida
y tu caminante,
yo me pierdo
tratando de olvidarte
simplemente, dejar de amarte
y ya estoy contigo
en silencio.

Poema extraído de las madrugadas solitarias
Estilo: Minimalismo
Moribundo.

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Amnesia acongojada

Tumultos, mi crisálida perdida
extraviada en los rincones de mi memoria
de blanco y triste
azufrosa mentira distante
que me piden lo que no tengo
pero encuentro un sentido
a lo que siempre fue distante
un respiro, un motivo
un simple motivo de porque respiro
pero se me fue
el ultimo suspiro
cabizbajo los tumultos dichosos
y las rocas caminantes
pateadas entre tanta gente
como mis desgracias
hoy perdidas entre tanto mundo
cristalizadas como un capullo
casi a romperse como un alter ego
algo enfermo pero bien maltrecho
y aquellas ramas, quebrajadas
como un cuadro de ajedrez
como un beso de vidrio
en tus labios de hierro oxidado
de tantos niños que has destruido
hoy la vasija de greda
mañana, la discordia hecha en piedra
y mis recuerdos
bien perdidos
y tus ojos
ya no los encuentro.

Poema extraído de las noches solitarias
Estilo: Surrealismo
Moribundo. 

georgechristakis9

El suicidio de papel

“Caminito que el tiempo ha borrado, que juntos un día nos viste pasar
He venido por última vez, he venido a contarte mi mal. Desde que se fue
triste vivo yo. Caminito amigo, yo también me voy.”

Carlos Gardel – Caminito

Caían mis lagrimas manchando la luz que se me apago, un día Domingo que me sabe a cruces en mi espalda, cargo conmigo la piedra gitana, un brazo soñando que me cobijo en tu cristal.
Mancho mi ropa, que me desvisto y me aborrezco, marcado esta mi cuerpo en los dolores, que te fuiste y nunca más volviste, que me muero, que me duermo, que suplico no despertar.
Vidrios sobre lluvia, que me nubla la cabeza, que me enfermo por mi tristeza, que me olvido de tu voz, que no recuerdo quien soy, que me golpeo, que deseo no recordar. Unos granizos azotan mi cuerpo, tu mentira, tus palabras, que no me piensas, que me duele tu soberbia, que me arrodillo a la espera… – a tu espera – de apagarme mis plegarias, que ahora soy un niño y que no vuelvo y desespero, que ya no escribo, que me pierdo.

– Aún espero, aún me quiebro – 

¡Y que me azoto la cabeza contra el muro! Y que me quiebro en mil pedazos.
Llevo dos años y medio sin verte. ¿Que sera de ti? Que me caen las gotas, que me humedezco y que me nacen raíces esperando, una respuesta… – tu respuesta – y un centenar de buenas palabras en mi camino al loquero.

¡Que me encierren de por vida! – Y que boten las llaves.-

Que ya no siento el sol ennegrecerse en mi piel, que mis armarios guardar polvo y algo de ropa tuya que no puedo botar. ¿Que hago con ella? Son mártires silenciosos de lo que alguna vez hubo, que ya no queda nada y que me enciendo a lo bonzo, que me golpeo en la cabeza y se me caen las ideas, que se me caen las ideas pero no tus memorias, que aun me quedan las distancias y los dolores, tu indiferencia me azota la cabeza mil veces. ¡Que yo me azoto la cabeza contra el suelo!

¿Por qué no muero? – Porque estas muerto. –

Es verdad, el otro día me paseaba fuera de cada armería preguntando cuanto demoraba una bala cruzarme la sien, cien pesos a que duele menos que tu silencio. – Y duele menos. – Que no tengo tanto, que te lo dí todo y no tengo nada.

Las luces, las veo a lo lejos y en ellas olfateo cada peligro y miseria, como un huérfano del alma que fue abandonado a su suerte. – Y a nadie le importa. – A nadie le importa…
Cada día me suena la suela malgastada, que me duele caminar y que cojeo desde que te fuiste

¡Y que me azoto la cabeza contra el suelo!

Y que no importa nada, pasillos a media luna, jubilo entre mis lagrimas, tu cuerpo seducido…

– Mira que has manchado el papel. – Y claro que lo he manchado, que se me caen las risas mientras tu lloras cada noche – Es un espejo. – Y es mi espejo quien me llora y la poesía que te escribo y las promesas que se fueron y los hijos que no tuvimos.

Y los te amo, que no nos dijimos.

Se me quiebra la vida, se me ha rechazado la codicia de tenerte bajo mis sabanas porque era lo que me prometiste y que no estas porque te fuiste.
Y la miseria tiene colores turquesas y esmeralda, calipso entre tus miradas, la crueldad se viste de ropa negra y la muerte, se desviste frente mis ojos, porque sabe tengo frió y la vida me congela, porque te lo entregue todo, porque la noche me viola los pensamientos…

Porque ya no queda nada, te lo has llevado todo.
Mi vida.

Prosa extraída de los últimos suspiros.
Estilo: Poesía Maldita.
Moribundo.

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Lirio Muerto

“Me traje los destinos un tanto muertos, los lirios demacrados unidos en hilos negros y en mi la espera de un milagro pordiosero…”

Pidamos una taza de café
ni muy caliente, ni muy fría
punto medio, como todo en esta vida
pidamos el puesto más cercano a la ventana
ni muy lejos, pero nada cerca.

¡Me tirabas y me jalabas con ese hilo negro!
de rojo no tenia nada
me cortaste las alas y me arruinaste los sueños
las pesadillas, a otro perro con ese hueso.

Quisiera un vaso de cerveza
ojala negra, que me disgustan tus patrañas
que cada noche te sera un cementerio
tal como volviste mi vida.

¡Camarero!
¡Que no lo oigo ni lo espero!
Venga y bese a esta chica moribunda
¿Esta fría o muy caliente?

No se preocupe…
¡Que la conozco de cinco años!
No me vendrá nadie a decir
como rayos revivir a un muerto.

Que un día parece desierto
otro una bella parcela
¡Que se tiñe el pelo!
Que me importa una mierda

Oiga ud.
Quien me apunta con el dedo
¡No se haga el viejo
que ya se que es un espejo

¡Que me diga, que no se!
Como puedo cortar este hilo negro
Que ya dije que me esta matando
Que no tengo por que vivir.

Que intenté con una sierra
con unas tijeras
incluso, con magia negra
¡Que no creo en esas patrañas!
Que me importa un bledo…

Solo ayúdeme a cortarla
y alejarme de ella
¡Que no me importa llegar a viejo
que tomo la pistola
que disparo hacia el espejo
que ya no tengo nada

Que estoy escribiendo esto…

Que ella busca a otro hombre
que aun la siento
que ya no estoy ni en su memoria
que ya le importo un…

Nunca nada, cristales en el suelo
que me he cortado las venas
que no me sale nada
¡Que me quitaste hasta la vida!

Pero que le importa a ella esto…
¡Camarero,que me corte este hueso!
Que ya no la espero
porque ella no me espera

Ayer fue mi cumpleaños
que no me dijo nada
que no me esperó
que ya no valgo un huevo
que me despido esta mañana

¡Que alguien corte este hilo negro, por favor!
que me esta matando
y ya no vivo en sus recuerdos
que a otros engatusa con sus mentiras
pero eran mis mentiras…

A otros invita a su alcoba
que era, mi lado de su cama…
que yo aun la espero
que aun duermo con almohada

Pensando es ella…

Pensando, que aun me ama.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Poesía Maldita
Moribundo

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Aguacero

Llovían las tardes compartidas
en frascos de heno y versos profundos
un beso quieto y un alarido
de bosques profesos y ramas viejas.

Quité de los caminos
un lago de dudas marcando la luna
un roce nada bueno
abrazaba mis temores.

Y que tanto el destino traía paraguas
que le llovía sobre mojado
había roto las palabras
que cubrían los silencios siempre nuestros.

Déjalo que llueva
no llueve nunca sobre mis lagrimas
me hundía sin saber donde pisar
andando descalzo mar adentro.

Los arboles que antes frondosos me alzaban
hoy me cortaban tratando de buscar un respiro
solo y sin prosas que tartamudear
mientras el agua caía boca arriba.

Me miraban de lado a lado
como si el viento me traicionara
un murmullo bien enfermo
y un gemido sonando a guitarra.

Un pájaro me suspiraba los quejidos
note miles de las copas y alamedas
me parecía un rumbo siempre fijo
mientras te vi a lo lejos alejándote sin respiro.

Me estaba enfermando y lo sabia
quitaba la ropa húmeda de mis pliegues cansados
condenándome al destierro de buscarte a contraluz
y rezaba un padre nuestro con una cruz de madera endeble.

Quizás no era nada
sino una simple esquela de tumbas profanadas
que profano el alma entre bosquejos blanco y negro
entre tus pies que los siento bajo tierra.

Quería sentarme
estaba viejo y desgastado
como la estrella apagada
que te regale una noche
la mataste ya en su lecho
y la olvidaste, un siempre nuestro.

Poema extraído de las noches solitarias
Estilo: Corriente de la conciencia
Moribundo.

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