Cuchillas y despedidas.

“Trae a mis esgrimas una mano liberadora, una rima perdida de los viajes que ya no existen, del ruiseñor que no volara hacia tus brazos, un adiós y ya no existo en tus recuerdos, como yo me despido de los tuyos.”

Me despido de un sueño nostálgico
de un camino que buen caminante caminaba solo
de aquellas hipérboles que enaltecía en tus palabras solitarias
de mis desvelos ya nunca más enfermos
de una palabra desechada y de un futuro donde no estas
de los porvenires que manchamos con letargos y discordias
de un poema y mi despedida
de aquellos recuerdos que cada día borro
de aquel pasado que me desgarra el alma
de aquellas pastillas que me niego a tomar
cuan vil sea mis pesadillas murmurantes
de lo que no se pudo amarrar en hilos negros y rojos
de aquellos versos ya gastados
de aquella copa de vino que ya no bebo
de los cuando en mis rosarios nocturnos
y de los anhelos que ya se perdieron.
Nosotros perdidos en estos versos
un reflejo de que deseo sobrevivir
una amalgama de mentiras que nunca se cumplieron
una dicha y mi desdicha
besos plateados en camas de bronce
un quejido de bellos destellos
un metal resonar en mi cabeza
y un me despido de ti
mientras bebes de este vino añejo.
Toma en esos rumbos el olvido de las plegarias
que alguna vez perdí moribundo entre mis gritos
de aquellos besos que fueron hijos y hoy abortos podridos
de la somnolienta pereza de pensar que existo
de las voces que olvidaste en tu camino
cuan vil sea mis pesadillas murmurantes
de lo que no se pudo amarrar en hilos rotos, desgastados
de tus promesas hoy mentiras
de jamas volver a verte ni rezarte un Ave María
los santificados sean en tu nombre
los hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo
y dame hoy el pan que me juraste
como verso violento de lo que no volverá
que Dios me perdone si decido vivir
no recitándote novelas de media noche
ni buscarte entre los tumultos casi despiertos
que alguna vez perdí moribundo entre mis gritos
aquella vez que te pedí no me perdieras
hoy, buscando un rumbo nuevo.
Lejos de ti.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Poesía Maldita.
Soñador.

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Shebut Nagh

“…y de los ctonianos, criaturas antiguas y deformes fueron enterrados con los siglos en los abismos de la humanidad, pero el ser humano en su afán de violar la Tierra se encontró con algo desconocido, entre terremotos se movía por las entrañas rocosas pues ya la arena le parecía terreno ajeno en los inmensos avances de una raza irrespetuosa de su entorno, una cosa indescriptible que gemía como tormentas en las montañas, pero que su eco resonaba hasta los cielos interminables, habían despertado lo que no podrían controlar.”

Fragmento de Los Mitos de las Cuatro Lunas
“El despertar de Shebut Nagh”

Criatura enferma entre años de soledad
una raza diezmada y condenada al sueño infinito
entre los siglos el desarrollo ciego de la humanidad
hacían sangrar las piedras en abrazos de guerras eternas
los hongos gigantes que desaparecían las nubes
chocaban con las fisuras rocosas de la Tierra herida
mutilada los antiguos ahogados
y aquellas razas condenadas al exilio cósmico
despertaron dueñas de un antiguo reinado
entre ellos, los señores de la arena
hoy concreto hecho de piedra
adornaba las ciudades que alguna vez fueron sus alimentos
sacrificios ya no existían
y los besos de agonía
entre vírgenes crucificadas en cultos malditos
hoy eran violados por la ciencia humana
quienes eran dueños de todo
de lo invisible y lo pensante
creían aquellos soberbios
que la Tierra les pertenecía
y olvidaron los mitos de brujas perseguidas
y charlas de cantina
en pueblos olvidados por la mano de Dios
donde la Iglesia sembraba los infiernos.
Hoy los antiguos reclaman lo que les correspondía
donde la inmundicia y la radiación
los había hecho fuertes, invencibles.
Era entonces los ctonianos una raza extinta
aquellos amos de las dunas de Seth y Ra
despertando entre bombas y niños muertos
el dolor les atraía una inconmensurable venganza
de aquella raza que los habían exiliado
cosas abominables que entre toda locura
no quisiéramos ni en pesadillas escritas
la Tierra temblaría enferma
en el vomito de quienes abusaban de ella
entre quien era hermano de Shudde M’ell
Dios del desierto y de los antiguos moradores
hoy aniquilador de subsuelo
vendrían a castigar a quienes maltrataron su hogar
los destructores de mundos.

Poema extraído de “Los Mitos de las Cuatro Lunas”
Estilo: Materialismo Cósmico
Moribundo.

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Trébucher dans mes précipices

“Toma mi mano en este precipicio profundo
no te dejaré caer, no conmigo”

Caminemos a contraluz de mis esperanzas
nublada mi conciencia y mis sueños
trae un poco de arena en mis dolores perplejos
y cavemos la ancha tumba de mis pesadillas.
Me preguntaste donde vamos
en la discordia más amada y distante
te dije: “no te dejaré caigas conmigo”
en un destino ya escrito
mi vida es tuya
en esas cadenas ya prometidas
encontramos entre piedras podridas
una flor escondida en lo profundo de mi corazón
me soltaste la mano cortada de mi sangre seca
rasgue mi ropa inservible
y tapé tus heridas como fuesen las mías
caminamos hacia el horizonte infinito
ya sueltos en una distancia terrible
sabía en los besos como dolía el alma
se caían de mis manos las falsas dicotomías
y manché tu pecho de lagrimas sucias
pintaba mis ojos de rojo pasado
en el ocaso de las lunas que ya llegaban
me perdí en las serenas traiciones
mientras el camino ya terminaba
tropezaba en mis precipicios mortales
jurando que el dolor acabaría
te dije: “no te dejaré caer conmigo”
y te solté en el filo de mis aventuranzas
diste una vuelta y calmaste la agonía
escapando hacia destino nuevo
me perdí en las serenas traiciones
de un futuro nunca escrito
pero siempre perdido.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Expresionismo.
Moribundo

modificada

Amapola

“Bebe una copa conmigo, algo sencillo, deja que suspire los últimos minutos
sin que el aire se vaya a mi mente, recordándote en el final de mis memorias.”

Recuerdas esa tarde de Enero
tomaste mi mano caminando en pastos febriles
movías el pelo brillando en nubes y sombras.
Que fuera la noche de Abril en tu cama
rogando perplejas estrellas en tus versos atolondrados
tomaba el canelo entre mis brazos
pensando en un sueño eterno entre mis besos
quería dormir sin saber donde despertar
me brinde ese color blanco
de abrazos café y muletas azules
la bebí con un poco de agua sucia
y esperé que me durmiera la esperanza
de no sufrir nunca más en la vida.
Me despertó la somnolencia inmutable
de una cama vacía de hospital
ya no estabas y solo marcaba tu numero
entre muchos que bloqueaste para que no molestara
me había vuelto una mosca
en una despreciable y poco elegante discordancia
y me brinde de otro color blanco
de estrofas tristes y sin motivos
escribiendo una paradoja
entre el amor y las pastillas
me tome veinte para dormir
y desperté en una tumba entre murmullos de mentira
entre coros gregorianos y Aves María
no te vi entre la multitud
cerré la boca entre lagrimas muertas
y jale del gatillo en una mordida certera
comencé a sentir el liquido entre mis venas
me dormí contento esperando vinieras
sabiendo ya no existía en tus recuerdos
pero yo dejaría de sufrir.

Ave María Purísima
sin pecado concedido.

Fragmento extraído de las noches tristes
Estilo: Poesía Maldita.
Moribundo.

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Carta muerta

“Caminé bajo la luna en una playa recordándola
y que la esperé bajo la arena, queriendo no me olvidara
ahora va sobre los pies de otro
que no la quiso, ni en las memorias de mis escritos.”

Debajo de fúnebres maderas
cristales y lagrimas
de mi madre enferma
por la tristeza que le aquejará
de las penurias que mi alma viva
entierra en una bella angustia
que diga que no la recordaba
y que mi vida nunca di a sus besos
que los velorios en carrozas podridas
navegaban en los mares de sus sueños
que me olvidé de mi felicidad
por estar con ella.
Dile a la madre tierra
que de amores yo se mejor que ella
y de las raíces
brotaban mis gritos ahogados
dile a la virgen que me comprenda
que los pies que alguna vez quise
hoy caminan al corazón de otro
deja que camine hacia el abismo
que regalo mi vida a quien yo amo
por quien no me quiso y me dejo en el pasado
deja que la recuerde solo un instante
cuando cierre los ojos
las pupilas de mi espíritu descanso.
Que diga que no la recordaba
y que mi vida nunca di a sus besos
cuando de mis llagas brotaban
dolores y tristezas
dile a mi padre que viejo bien aprendido
que la vida no es como me la dijo
y que de amores siempre envidie su gallardía
en aquella arena de recuerdos en el tiempo
dile a quien me olvida
que los amores entierran muertos
y que de la vida espere verlo
que no me escriba ni me recuerde
que me he perdido en el camino
que ya no espero nada de ella
aunque le rogué que volviera
camina en los pies de otro
que no la quiso ni la quiere
ni en los versos de mis escritos
que la inmortalice bajo las estrellas del mar.
Las amapolas crecen bajo la luna
y aunque siempre la quise
cargo a mi niño muerto en el pecho
dile que la esperaré con él
cuando me recuerde en el mar.

Carta olvidada en los escritos.
Estilo: Poesía maldita.
Moribundo.

playa

Las Cuatro Lunas

“Hermosas y veleidosas, reinas de la agonía y lo grotesco, del llanto y de lo sublime, condesas  de los infiernos humanos y del caos imaginario, venían arrancando de algo superior enviado por los dioses antiguos, los innombrables.”

En los pérfidos sueños de esquizoides y depresivos
rondaba la paranoia de un sueño eterno
las dulces salas de pastillas malditas
significaban gritos mórbidos en la mente de los enfermos
sabios escogidos por los ángeles del dolor
rondaban con agujas sutilmente esterilizadas
mientras los temblores y escalofríos se olfateaban desde lo lejos
solo los perdidos en el pecado, sirvientes de las reinas concubinas
podían soportar tamaña tortura sin llegar a la locura
quizás estaban locos, desviados en planos metafísicos
y jugaban a ser dioses a escondidas de los antiguos
llevaban en el brazo un símbolo rúnico
que desvelaba cuatro círculos perfectos
las venas se hinchaban orgullosos de llevarlas consigo
y las risas desquiciadas destruían cualquier esperanza de huir
eran marionetas, sumidas en el sueño profundo
a una eternidad de servicio a las reinas espaciales
eran carne de cañón a los infiernos infinitos
a una prueba que ningún humano podía cumplir
cruzar las cuatro lunas hasta llegar a la piedra antigua
el corazón de la galaxia
la entrada de las almas a los círculos del pandemónium.
No podíamos ni imaginar las atrocidades que se vivían en esos mundos
donde los pecados eran premiados por los ángeles caídos
millones de criaturas cuidaban a las reinas concubinas
de ser consumidas por el hijo de Azathoth, el innombrable consume planetas
y era que el caos reinaba en los pies de la antítesis de la creación
donde las Nymphilis guiaban a los perdidos aventureros
a una perdición inevitable, monstruosa
y los hijos del pecado eramos sacrificados a las fosas escarlatas
a pagar por nuestros delitos en la tierra
cada reina tenia un nombre que eran coreados por sus ejércitos caóticos:
Phasmodan, reina de la angustia, luna hermosa de morado descontrol, parajes desolados y almas perdidas llorando como espectros en los abismos de Khal-Tul
la soledad es eterna y el suicidio la única salvación para los que cruzan la primera reina de los heridos.
Leviathan, reina de la ira, la furia escarlata, doncella del odio y las guerras, incita a los hombres a matarse por su simple naturaleza instintiva, la sangre derramada sobre las fosas escarlatas alimenta su ira y las Epheneas, jóvenes valquirias deformes de tanta violencia dirigen las múltiples guerras en las planicies perdidas.
Luci-jer o la reina de la lujuria y de la perversión, ardientes montañas y volcanes donde pervertidos hacen de las suyas, violadores y caníbales devoran la carne fresca de ángeles muertos y los débiles yacen por siempre en las cuevas gargantúas a la espera de algún dios que los salve, la tentación perdida enmudece a los hombres y enloquece a las mujeres, tristes almas que no logran escapar de la reina pecaminosa.
Tij-Tiel, la madre eterna, arcángel del terror e hija olvidada de Yog-Sothoth, escupida en los confines de la galaxia como quien destierra a su hijo maldito, destinada a vagar para perturbar la mente de los humanos, aquellos frágiles cúmulos de carne y hueso como sacrificio a los dioses exteriores, a los eternos, como la piedra que se guarda en el corazón del cráter Moh-Tualh, donde yace el tentempié de Azathoth, la conexión entre galaxias y el caos, la sublime tentación entre lo bueno y lo malo, destinado a ser devorado por Vermillon, aquel que no puede ser visto, era el caos del universo, así funcionaba la voluntad de los antiguos.

Así debíamos ofrecer la vida por ellos,
sin protestar, sin despertar.

Fragmento extraído del libro “Las Cuatro Lunas”
Estilo: Materialismo Cósmico.
Moribundo.

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Flores y cristales

“Agradecido es el abrazo en los cristales de Diciembre, las flores que se cobijan en un jarro de sonrisas y un sálvame la vida.”

Ven y tómame la mano
en la difusa esperanza de la muerte amable
y entre los ángeles más humanos que divinos
la vida pareciera sonreírte a lo lejos
tu y ese rostro tan dulce
apareciendo en recuerdos de marfil y lagos de corteza
me salvaste en la inevitable desazón por vivir
y dejar que los recuerdos de marfil te cobijen en la buenaventuranza
que me traigo las gracias por que hayas existido
que sería de los cuadros y las poesías mal escritas
y la luz golpearme las tristezas
que sería sin que hubieses aparecido en la lejanía
con una mano tenue y pequeña
que hubiese sido de los tenores
sin los valores hechos poesía.
¡Ven y abraza los recuerdos
que un día de Diciembre apareciste!
Y es que entre las flores
los cristales se vuelven seda en mis memorias
te vuelves una parábola entre tanta distopía de los amores
y una utopía de la innombrable frivolidad
un ángel de la guarda entre la muerte quien me toma la mano
y un retrato que inmortalizo en los versos tan perpetuos
deja que te tome de los dedos
y que me pierda en esos te extraño cuando no estas
que nos brillen las pupilas en la eterna espera
que amanezca y sean las tres de la tarde
que caiga la la noche y la luna sea un amable cómplice
de los buenas noches y los te espero al otro día
de los te quiero y las malditas peleas
de tu inconmensurable alegría y tu fortaleza guerrera.
¡Ven y abraza los recuerdos
que una noche cualquiera te quedaste!
Cuando el mundo desaparecía
cuando los amigos no existían.
Me quede entonces dibujandote una silueta y un poema
de tu sonrisa y tus pupilas como cristales
que te quiero perpetuar en las orillas del universo.

Poema extraído de las buenaventuranzas
Estilo: Expresionismo
Soñador.

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