In Réquiem II

“Susurra el piso de los recuerdos, de aquellos que nos traían humanidad a los corazones, de aquellos que nos hacían rememorar un futuro hermoso, hoy más distante que la muerte más cerca de mi maltrecha soledad.”

Sírvame un vaso de indiferencia
de aquella que llevo tomando un par de veces
olvidaste todo lo que eres y te deformas en cristales rotos
pisando la sangrante epopeya
de amar sin morir en el intento
hoy muero en los epitafios del destino
sin que recuerde por que existo
me parece todo tan distinto
como los niños que corrían el cigarro entre labiales podridos
camina y tómame la mano
recuerdo que la soltaste
cuando decidiste romperme la cordura
hoy divago como un loco en los pasillos de la agonía
pidiéndole a un verso me quite la vida
espero tus palabras como cuchillas sobre mi espalda
y es que me apuñala el silencio de tu triste memoria
de que hoy estas tan lejos como yo cerca de mi muerte
tómame la mano y jala fuerte del gatillo
y rasgaré los suspiros que quedan de mi vida
entierra más fuerte la daga maldita
y emputece a las estrellas que caigan sobre la tierra
que vengan los húsares de nuestra falsedad
y hagan justicia de un amor obsesivo
de un poeta desangrado y un sueño estéril
que muere sin gloria en los recuerdos pasados
perpetúa la discordia con mis besos violentos
y desparrama los espermas nunca míos
si de otros, de los que no aman
en el hijo que venga enterrando tu dolor
¡Dame la pistola de una sola bala
y déjame jugar a la ruleta rusa
que quiero perderme en tus alivios
y enterrarme en mis amnesias corporales!
¡Déjame gritar los lutos que me quiero abrigar
dentro del viejo roble que me sepulta en mis escritos!
Llama a la policía mientras tomo del cuchillo sobre la estela de lluvia
y diles que yo te maté aunque me encuentren muerto
cuéntales una poesía de mis narraciones rimbombantes
y de como me amanecía escribiéndote llorando sobre una rosa
¡Diles lo mucho que te ame en los amores antiguos
de lo que se rompía y se arreglaba como en la vida misma!
¡Cuéntales que me oxide buscándote bajo la lluvia
en mis propias lagrimas y dolores!
¡Que se me seco el alma esperando una letra tuya
sobre el frió de mis cuentos!
¡Cuéntales del éxtasis de escribir y escribir
hasta que el dolor se te escapa por los dientes!
¡Mienteles que viniste a verme el día de mi funeral,
mientras solo yacía un candelabro vació y una lapida enferma!

Cuéntales… que yo jale del gatillo
para no vivir así, lejos de ti.
Tranquila… culpadme en este relato ciego,
que yo muerto estoy dispuesto a poner mi cadáver sobre ti.

Poema extraído de las noches moribundas
Estilo: Poesía Maldita 
Moribundo.

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In Réquiem

“En un réquiem de luces, las tumbas parecen gritar que me perdone, cuando era el reflejo de los miedos de una vida entera.”

Hoy, un día de camelias
rosas negras y disfraces
recuerdo la epopeya de vivir en tiempos grises
de la niñez convertida en burlas
de los abrazos viviendo en lagrimas
de las golpizas volverse odio
y del odio morir en armonía
de mis bailes saltar la desdicha
y de los verdes susurros disiparse en la lejanía
grité tanto en los oídos falsos
que perdí todo sentido de humanidad
olvidamos que eramos en esta cultura sin identidad
y vagamos como quiltros en las tierras extranjeras
fui un inmigrante en los corazones tardíos
de las tumbas que imploraban memorias
de los hijos volverse pesadillas
y de los ecos ser suplicas de madrugada
confiamos en el amor como el condón roto
y nos embarazamos de miserias y tristezas
una poesía maldita me baila en el Olímpo
de los malditos refranes añejos
de vino tinto derramarse entre tus lagrimas
que parecían ser las mías en este reino de mentiras
vivisteis como reyes en la cúspide del amor ajeno
del que te rogaba no me dejaras
y hoy esbozas sonrisas en rostros extraños
olvidas quien estuvo contigo
y te aflijes en un mundo sin destino
abrazamos las pantallas sociales
y me desvisto en la discordia tan tuya siempre tuya.

Hoy me acuerdo de la niñez convertida en burlas
en los abrazos viviendo en lagrimas
en las golpizas volverse odio
y del odio cobijarme en tu regazo
me abandonaste como un perro en la carretera
y cruce la calle esperando encontrarte
a lo lejos venia un auto sin mirarme
en mis matices del bizarro orgullo
me lancé hacia aquel auto para apagar el llanto
y ahora te busco medio moribundo entre la gente sin rostro
que me mira y dice importarle, pero son mentiras como tus falsas promesas
escucho entonces a las tumbas en los cementerios
suplicar porque pida perdón a mi lenta agonía
de aquellas noches que sigo como alma en pena
buscando debajo de cada piedra si es que te encuentro
pero encuentro más polvo de sueños antiguos
que me tienen en este letargo maltrecho
como un estúpido recordando tus esquirlas
que me atraviesan suplicando que vuelvas
que me busques y no me dejes morir
en estos días donde el alfiler parece suficiente
y me penetra la malparida conciencia
donde las iras me tienen suplicando una pastilla
las bastardas desdichas del que aun vivo
me hacen perderme en la falsa modestia
en las muecas de alegría invisible
en la inocencia perdida
y en las fotos que llevo conmigo
en un coro de ángeles que me esperan al otro lado del destino

Se… que si de acá no camino destino fijo
me esperará el túnel del cual nunca se despierta
entonces pido perdón por morirme en vida
mientras los que cantan son las lagrimas de mi familia
en un ataúd que parece darme descanso
en los ocasos de la carretera sin retorno.

Poema extraído del último réquiem
Estilo: Poesía Maldita
Moribundo.

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Las almas se marchitan en el ocaso

“Cuando aun siente el dolor del tiempo, quisiéramos volar en los espacios perdidos
y llorar desde lo que fue bello, olvidando que las almas sangran
en el ocaso de las mañanas agridulces y somnolientas.”

Apaga la luz por un instante
los cementerios esperan las luces tristes y quebrantables
las lagrimas se humedecen en el pasar de los olvidos
y lo que alguna vez fue bello
hoy nos trae más suicidios que sonrisas falsas
y la nostalgia se volvía hermosa
las moribundas sensaciones de humanidad se perdían en el tiempo
y mi fe aun intacta no concebía otra cosa que el dolor
con los recuerdos marchitos y un alma que se apaga con los minutos
tomé la pistola de la indiferencia
y la cargue con mis sueños y alegrías
la disparé hacia el aire tratando de mofarme de la pérfida agonía
de vivir y seguir viviendo sin pedir un silencio
de que los colores se vuelven grises
y de que la tónica fue así toda la vida
de la estupidez que te rodea, de los perdones fallidos
de las sonrisas bífidas y de los cuentos infantiles.
Nunca pensaste, que me dolía tu indiferencia
y que rezaba frente a una estatua que muriera el dolor
que pareció ser que quien lloraba era la estatua
cuando era el reflejo de mi alma destruida
y que sin las pastillas veía el mundo sin colores
las mañanas cálidas pasaron a ser días nublados
y aunque el sol pegaba en mi piel enferma
parecía que una tormenta perfecta rondaba en mi cabeza
sentía húmedo los pensamientos
y no eran los recuerdos los que vivían
sino mis ojos que escupían la tristeza
las depresiones que te consumen en la miseria
y que nos gusta y nos volvemos adictos
que ya el sexo no parecía algo atractivo
y solo parecía entre jalar del gatillo
y eyacular los traumas y las mentiras
que más pedía despertarme en una tumba
escuchando las lagrimas de quienes dicen que les importo
mientras te esbozo una sonrisa
misión cumplida…

Que nos parecería apagar la luz por un momento
y llamar al cementerio que destapen la tumba
se me quedó una hoja mal escrita entre las manos
con ella te preguntas si alguna vez te importé
pues ahora que los deseos desaparecen
y ya no le lloro a una estatua de marfil
sino que rezo a santos de plásticos mientras me muero
en una clínica abrazando las sobredosis de benzodiazepinas
esperando que algún día me lleve la muerte
mientras veo pasar el tiempo
en un disparo, con mis sueños y alegrías.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Expresionismo, Poesía Maldita
Moribundo.

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