Gemidos Moribundos

“Trae una triste agonía, un beso fúnebre y un recuerdo maltrecho, que el dolor nos purifica, el dolor nos hace sentir vivos.”

¡Besa violento el aire que escurre sobre tus piernas,
que gritan el orgasmo más falso que ajeno!
¡Deja latir el erecto sentir de aquellos nuestros más solos,
de un empuje entre tu gemido y un extraño!
¡Escupe la sagrada promesa y los letrados fúnebres
entre el semen que baña los hijos más nuestros que ya no están!
¡Mira hacia el candelabro más eternos que tus ojos perdidos
y deja que las almohadas se bañen en el sudor maldito!
¡Eternas mentiras y eternos gemidos,
eternos murmullos, eternas sonrisas!
Toma una mano y abraza las dedos
empujala hacia el desorden y el fluido hacia tu pecho
destierra los humos bañados en tristezas
y olvida los amores pasados, los temblores benditos
miremos el espejo y ve mi silueta
mientras la fuerza y su elocuente virilidad nos hacen inmunes
inmunes a sentir los te quiero
los anhelos perdidos, la victoria siempre nuestra
los tumultos en tu cuerpo y las caricias perplejas
mis lagrimas bañar tu interior, mis besos desaparecer en esa noche
aquella que se hace día en los oscuros refranes del alma
de lo que esconde un corazón herido
de quien omite un espíritu perdido.
¡Amarraremos tus promesas inconclusas
y sepultaremos los dolores de siempre!
¡Olvidaré tu rostro y tus palabras sonar
en todas las ventanas de sueños que se perdieron!
¡Masificaré la ira y las costumbres perversas
y destruiré las correctas vicisitudes de la vida!
¡Me perderé en el ocaso siempre mio
y me moriré esperando la muerte me lleve!
¡Venderé mi alma al diablo
y se la robaré para dársela a un dios extranjero!
¡Quien te ha dado la vida para regalar dolor al mundo
y olvidar quien te quiso en un inocente mal vivir!

El dolor nos hace sentirnos vivos
y nos recuerda que somos tan humanos como tierra de abono
y aunque el destino quebrantado perdone mi insolencia
me revelo ante el perpetuo dolor y tus mentiras
¡No vuelvas a mis entrañas
con tus frases veleidosas!
¡Ni vengas buscando amor donde todo destruiste
porque mi alma esta en el abismo de tu frivolidad!
¡Perdí la cordura en un intento inservible
de encontrar lo que había extraviado en tu razón de ser!
¡Y aunque los corazones se mueran en el amar
no volverás por mi ni en cien años!
Porque el dolor nos hace sentir vivos
aunque muera en el intento de salvaguardar mis esperanzas
solo guardo un libro con mis palabras preciadas
y aunque el dolor me tenga sin respiro
ni muchas vidas servirán para encontrarme.

Porque el dolor nos hace sentir vivos…
pues nos purifica el alma.
No volverás.

Poema extraído de las noches moribundas
Estilo: Ira, Poesía Maldita
Moribundo.

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Memento

“Que yace en los oscuros parajes del corazón, más no un amor sincero sino un interés del individuo, de asegurar que exista en la memoria de otra persona, como esperando no ser olvidado.”

Esperé una madrugada calurosa a encontrarte
las pisadas del inconsciente me apuñalaban culpable de querer
y es que ambos sabíamos que todo había terminado
como los frutos veleidosos de una relación enferma
y es que yo estaba enfermo
me encontraba en el nirvana de los dolores casuales
y de la mundanalidad del corazón enamorado
estupefacto me abrace a los recuerdos infelices
como tratando de explicar las heridas que deja el amor
me dijiste una vez desnudos sobre la cama
que los amores eran para siempre
y que las cuchillas no alcanzarían lo fragil de la mente
nos decidimos a creer en los destinos inalcanzables
y ahora lloro en un deseo destruido
no puedo mirar los espejos
si es que veo un hombre asesinado
ronda en mi la pesadilla más lúgubre
y perpetúo en mi las heridas más profundas
me siento en las sombras de un hombre sin futuro
y me muero esperando que vuelvas

¿Como es el lado oscuro del corazón?
entre el odio y la lujuria de tener al otro
entre poseerlo entre lagrimas de sufrimiento
entre plasmar la naturaleza humana y los deseos

Siéntate un rato a beber las catarsis
de mi euforia maldita mientras te escribo
tus fragancias soleadas en una cama de pecho
y mis besos latidos en los tuyos
hoy danzas en los pétalos siempre muertos
con un lazo de triste compañía
que no es mía y que no te importa.
Flagelas la extraña felicidad
en brazos del hombre nuevo
así entierro mis plagas en los celos
de un amor ya viejo y empolvado
y es que me esmero en no olvidarte aun
aunque la suerte me implora sobrevivir
ya no tengo fuerzas
ni puedo mirarme al espejo
es que veo en mis dolores
un cumulo de sufrimientos
tomo las pastillas más plásticas que de costumbre
y me engullo toda la culpa de algo compartido
me he vuelto cristiano, católico e islámico
implorando a los dioses ajenos me lleven de este cuerpo
y es que mientras tu sonríes
otros damos el alma en una sentencia de muerte
porque cuando el alma llora
y los oídos son sordos por inclemencia
nada se puede hacer del espíritu
que no ama ni jamas lo hizo
solo esperar la indiferencia y que el destino nos busque
como un recuerdo
de aquellos que tengo cada noche mientras te olvido
o al menos trato de no morir.

Relato extraído de las noches moribundas
Estilo: Poesía Maldita.
Moribundo.

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Los Besos Rotos

“No me di cuenta cuando al apagar las luces se había roto tu alma… me miraste estupefacta y me dijiste que miraba un espejo… yo me había roto.”

Compré un licor añejo de dulce discordia
y en mi vida había probado el humo del destino
me vestí de negro fúnebre a mi muerte inminente
y notaba envuelto en mierda que a ti no te importaba
me escondí entonces en las sombras de un rincón peligroso
a beber en cristales rotos un poco del ajenjo indisoluble
parecía un viejo alcohólico maldiciendo los pasos del tiempo
el pasado y el futuro me sabían a hiel sacado de tu médula
no comprendía entonces porque jalaba del gatillo
y la mala bala no avanzaba del cartucho oxidado
apunté al cielo y disparó la libertad de mis pesadillas
se quebraron mis brazos de vidrio enmudecido
y me dolían los años de tanto cargarte
los gemidos entonces se volvieron burbujas en el acero templado
y yo ya era horrible entre mis tantas misericordias
todas ellas grabadas en mi enferma piel y maldita
me lance al suelo desecho por los dolores del alma
y me quebré como un espejismo entre tu cuarto y el mio.
Nunca fue extraño ver salir cuervos entre mis bolsillos
si antes salían polillas de los besos rotos
y todas esas veces que te tuve encima mio
hoy pertenecían al demonio de mis miedos
el tenia imagen de hombre fornido
y un destierro de viriles sensaciones
mientras tú quien lloraba a escondidas
hoy sonreía con las lenguas jadeantes mientras yo gritaba de ira
se me acababan los cigarros letales y fumaba mis dedos culpables
en un cuarto continuo oscuro y con un espejo gigante
había una silla y unas cuerdas atadas en mis manos mutiladas
pidiendo perdón de los errores que cometí
brotaban risas entre las paredes
y los andamios de cada esquina sonaban como una cama rayar el suelo antiguo
me envenenaba la mente de mis más grandes miedos
mientras las cajas de pastillas y los condones se abrían como un vaso de cerveza
y yo me emborrachaba iracundo de lo que sabia pasaría
gritaba en ese cuarto silencioso y nunca escuchaste donde estaba
te miraba debajo de la cama ver caer las pantaletas y los zapatos de un extraño
y me asustaba como un niño, ver que se me rompía la inocencia
la cama se movía y aplastaban mis lagrimas empapadas en una hoja de papel
veía tu silueta dibujarse mientras me cegaba en las angustias
y los cristales rotos se quebraban como marcando la lastima enferma
y es que se vuelve ebrio quien muere por amor
en una esquina de poca monta con toda la podredumbre y los excesos humanos
las prostitutas rondaban como si leyeran mi lujuria
y los habanos ardían como si exhalara la vida
solo rogaba que los sueños se apagaran junto a las pesadillas
matarme una o dos veces y que se me acabaran las balas en mi mano segura
confesión triste de un relato perdido
que seguro nunca leerás ni yo vuelva a escribir
en lo que son mis últimos días de cordura.

Relato extraído de las noches moribundas
Estilo: Poesía Maldita
Moribundo.

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