Las Cuatro Lunas

“Hermosas y veleidosas, reinas de la agonía y lo grotesco, del llanto y de lo sublime, condesas  de los infiernos humanos y del caos imaginario, venían arrancando de algo superior enviado por los dioses antiguos, los innombrables.”

En los pérfidos sueños de esquizoides y depresivos
rondaba la paranoia de un sueño eterno
las dulces salas de pastillas malditas
significaban gritos mórbidos en la mente de los enfermos
sabios escogidos por los ángeles del dolor
rondaban con agujas sutilmente esterilizadas
mientras los temblores y escalofríos se olfateaban desde lo lejos
solo los perdidos en el pecado, sirvientes de las reinas concubinas
podían soportar tamaña tortura sin llegar a la locura
quizás estaban locos, desviados en planos metafísicos
y jugaban a ser dioses a escondidas de los antiguos
llevaban en el brazo un símbolo rúnico
que desvelaba cuatro círculos perfectos
las venas se hinchaban orgullosos de llevarlas consigo
y las risas desquiciadas destruían cualquier esperanza de huir
eran marionetas, sumidas en el sueño profundo
a una eternidad de servicio a las reinas espaciales
eran carne de cañón a los infiernos infinitos
a una prueba que ningún humano podía cumplir
cruzar las cuatro lunas hasta llegar a la piedra antigua
el corazón de la galaxia
la entrada de las almas a los círculos del pandemónium.
No podíamos ni imaginar las atrocidades que se vivían en esos mundos
donde los pecados eran premiados por los ángeles caídos
millones de criaturas cuidaban a las reinas concubinas
de ser consumidas por el hijo de Azathoth, el innombrable consume planetas
y era que el caos reinaba en los pies de la antítesis de la creación
donde las Nymphilis guiaban a los perdidos aventureros
a una perdición inevitable, monstruosa
y los hijos del pecado eramos sacrificados a las fosas escarlatas
a pagar por nuestros delitos en la tierra
cada reina tenia un nombre que eran coreados por sus ejércitos caóticos:
Phasmodan, reina de la angustia, luna hermosa de morado descontrol, parajes desolados y almas perdidas llorando como espectros en los abismos de Khal-Tul
la soledad es eterna y el suicidio la única salvación para los que cruzan la primera reina de los heridos.
Leviathan, reina de la ira, la furia escarlata, doncella del odio y las guerras, incita a los hombres a matarse por su simple naturaleza instintiva, la sangre derramada sobre las fosas escarlatas alimenta su ira y las Epheneas, jóvenes valquirias deformes de tanta violencia dirigen las múltiples guerras en las planicies perdidas.
Luci-jer o la reina de la lujuria y de la perversión, ardientes montañas y volcanes donde pervertidos hacen de las suyas, violadores y caníbales devoran la carne fresca de ángeles muertos y los débiles yacen por siempre en las cuevas gargantúas a la espera de algún dios que los salve, la tentación perdida enmudece a los hombres y enloquece a las mujeres, tristes almas que no logran escapar de la reina pecaminosa.
Tij-Tiel, la madre eterna, arcángel del terror e hija olvidada de Yog-Sothoth, escupida en los confines de la galaxia como quien destierra a su hijo maldito, destinada a vagar para perturbar la mente de los humanos, aquellos frágiles cúmulos de carne y hueso como sacrificio a los dioses exteriores, a los eternos, como la piedra que se guarda en el corazón del cráter Moh-Tualh, donde yace el tentempié de Azathoth, la conexión entre galaxias y el caos, la sublime tentación entre lo bueno y lo malo, destinado a ser devorado por Vermillon, aquel que no puede ser visto, era el caos del universo, así funcionaba la voluntad de los antiguos.

Así debíamos ofrecer la vida por ellos,
sin protestar, sin despertar.

Fragmento extraído del libro “Las Cuatro Lunas”
Estilo: Materialismo Cósmico.
Moribundo.

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Flores y cristales

“Agradecido es el abrazo en los cristales de Diciembre, las flores que se cobijan en un jarro de sonrisas y un sálvame la vida.”

Ven y tómame la mano
en la difusa esperanza de la muerte amable
y entre los ángeles más humanos que divinos
la vida pareciera sonreírte a lo lejos.

Tú y ese rostro tan dulce
apareciendo en recuerdos de marfil y lagos de corteza
me salvaste en la inevitable desazón por vivir
y dejar que los recuerdos de marfil
te cobijen en la buenaventuranza
que me traigo las gracias por que hayas existido.

Que sería de los cuadros y las poesías mal escritas
y la luz golpearme las tristezas
que sería sin que hubieses aparecido en la lejanía
con una mano tenue y pequeña.

Que hubiese sido de los tenores
sin los valores hechos poesía.
¡Ven y abraza los recuerdos
que un día de Diciembre apareciste!

Y es que entre las flores
los cristales se vuelven seda en mis memorias
te vuelves una parábola entre tanta distopía de los amores
y una utopía de la innombrable frivolidad.

Un ángel de la guarda entre la muerte quien me toma la mano
y un retrato que inmortalizo en los versos tan perpetuos
deja que te tome de los dedos
y que me pierda en esos te extraño cuando no estas.

Que nos brillen las pupilas en la eterna espera
que amanezca y sean las tres de la tarde
que caiga la noche y la luna sea un amable cómplice
de las buenas noches y los te espero al otro día
de los te quiero y las malditas peleas
de tu inconmensurable alegría y tu fortaleza guerrera.

¡Ven y abraza los recuerdos
que una noche cualquiera te quedaste!
Cuando el mundo desaparecía
cuando los amigos no existían.
Me quedé entonces dibujandote una silueta y un poema
de tu sonrisa y tus pupilas como cristales
que te quiero perpetuar en las orillas del universo.

Poema extraído de las buenaventuranzas
Estilo: Expresionismo
Soñador.

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