Sanatorio

“Reafirmo con espíritu inquebrantable que me quiero hundir en el olvido más doloroso, que el sobrehumano esfuerzo por vivir cuando triste el beso llora me hizo perder la consciencia, hundirme para seguir muriendo.”

Vengan los versos en tazas de espinas un poco añejas
pastillas en bolsas de litio que calman mi hoguera
buscando sonreirle a la muerte
que me mira desde la esquina, a la vuelta de la vida
le pedí me hiciera un favor un poco engorroso
que me tomara los habidos trasluces en mi pecho desangrado
le dije que enviudara mis letargos en los huesos negros de mi alma
nadie sabe que me hundo y que me pierdo
las hermosas malditas ya no surten efecto en mi inconsciencia derrumbada
y los ojos mirando fijo, mis cementerios de recuerdos podridos
nunca pudieron quitarme los gritos en mi cuerpo y contigo.

Tumultos erguidos en ciudades sin rostro
soñé que rezaba a una virgen sin saber su nombre
que me tomara de la mano y me llevara por rumbo perdido
duermo escondido en mi pieza mental
los rayos de sol me parecen efímeros y el cariño algo mentiroso
como las promesas que hoy guardo en papeles quemados
en tragos amargos y tu voz golpeando mi mente
los inmundos perplejos olvidados en alegorías infantiles
y mis versos son besos a la tierra en mis polvaredas oscuras
en mi cama y en los tubos de metales oxidados
que me muero y que no pido me des la mano
que me sigo muriendo y muriendo
y digo ¿Porqué?
Pero que importa, las pastillas no surten efecto
y mis memorias se pierden en el consciente colectivo
ya no me peino y la oscuridad parece una buena amiga
la única que me cobija en sus brazos algo fríos
pero abrazos fin y al cabo, de los que no tenia hace un tiempo
el asfalto burdo calienta mis manos
y el hambre me parece un cuento de fabulas ingenuas
maltrechos rechazados en paginas ilustres
de estatuas y tumbas de palabras y te extraño
y de como entro y lo dejo
y me enfermo en las esperas distantes
y me cobijo en la poesía
y me muero plasmando ortigas.

¿Que come la ruda que crece entre los muertos?
Quisiera mi alma lucida caminar entre lo vivos
como fuese lo que callo en la noche que enfría mi alma
que ya no tengo alma para seguir viviendo
apago las velas de mis pasados tambaleantes
que soy un moribundo escribiéndole al aire
las hojas en la piedra muere
como mueren tu caras en mis recuerdos podridos
no tengo nada más que un suspiro
que me pide llore ayuda
me entumezco como un niño en el seno
que tus senos alguna vez dormían en mi rostro
hoy abrazo lagrimas en pisadas de discordia
más no quisiera volverme un enfermo
bebo libre el licor en tu veneno
que me crucificó las distancias malditas
no quiero y no quise verme partir
pues te reflejo en mis deseos nada alegres
toma un alfiler y perfórame los brincos a mi torpeza
que me sangran los dolores y decaigo en mis fantasmas
tráeme las rosas y los lirios en blanco y negro
que no veo distinto, pues perdí los colores en el camino
hoy te duermes en mis perdones
que no tengo a quien perdonar ni ver vivir
más que a mi propia vida
más que a mi propio destino.

No veré más luces en mis túneles mentales
que me pierdo y que no quiero salir de ahí
Solo, en mi camino.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo

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Un pensamiento en “Sanatorio

  1. Todavía no es denunciable la falta de sensibilidad. Bravo soñador. Muchos esperamos y estamos obligados a levantar cabeza

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