Rosalía

Júbilo
júbilo el último de tus atardeceres
júbilo, la dicha de la rosa sobre la muerte

Tus ojos, benditos ojos
teñían de sales las costas de cristal
y me inmutaba, nos inmutábamos
perdones y esos sueños
benditos sueños pálidos
en el júbilo de mariposas soñando

Descansa, la larga hierba cortada en pensamientos
tus memorias dolidas
tus memorias destruidas
buscan el consuelo en la magia
porque magia eran tus ojos
tus palabras caminantes y cansadas
pero eran tus memorias, mis memorias.

Sonríe, la dicha te queda contenta
y la bienaventuranza ni se inmuta del resto
llora, de panteones felices
en féretros un poco menos tristes
solamente porque estabas tu.

Tu júbilo, es bendito
y la prosa de tu cuerpo, sanadora
sonríe, que caminarás sobre el mundo
como la Madre Tierra

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Soñador.

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Cementerio (de recuerdos)

La neblina, mi neblina
era un túnel largo y de piedra
con sueños moribundos y letardados
donde los pasos se hundían
como pisando los corazones muertos.

Conocía de hace años
las cuchillas clavando esperanzas
en hombres buenos y en mujeres bellas
la locura era efímera
como patear la sencillez y los venenos vacíos.
Los perturbados, de mi mente y su desasosiego
terminaban dándome la mano
ya fracturada, pero era mi alma la que se rompía
un bendito momento y la catarsis melancólica
que me hundía, que me dejaba solo
que me volvía inhumano en los laureles.

Silencio, las mariposas de hiedra
que volaban tejiendo redes bajo la pena
¿Qué pena? la perdida sensación de soledad
un instante nos bastaba para comprender esa realidad
un respiro, en el silencio
y los enfermos abandonados en la distancia mortal.

La soledad mata
como acribillan las mentiras
y los sueños en balas
que las miradas se extinguían
y sus recuerdos, enterrados bajo la tumba de cemento

¿Qué me queda por vivir?
la tristeza, la ensimismada tristeza
y un poema, de viejos ya muriendo
en mis penurias, ni Dios me lea
ni ella me recuerda.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo

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Soslayada Juventud

Parto escribiendo un prologo difuso
sobre mentiras plasmadas en hojas virtuales
en eternas madrugadas
de un detestable ambiente de Lunes por la mañana
cuando es Sábado, pero nunca me importó
cada día sabia a hiel de tu mierda llamado corazón.

Es que ya no te creía, no podía creerme mis suspiros
pues la lágrima se me había fundido en el alcohol
como sudando las pestañas en calores enfermos
y féretros de alcantarilla.
Mi escritura proviene de la alcantarilla
de la podredumbre hecha poesía
de la basura que nadie quiere leer
y que transformé camino a mi juventud.

Soy un buen sujeto en caminos de tarde corrupción
sin duda en algún momento
seré el mal sujeto que siempre soñaste
un libido manoseado de los hombres con destruidos porvenires
pero fue tu elección y aunque no la quise
te dedique más de alguna palabra grosera con copas rotas
en el deseo desalmado
y tu como una venida en testaferro de la inmundicia que te rodea.

Quítame de encima las soñadas alegrías
que me pudro en el ocaso de los amores románticos y de antaño
que me aferro desahuciado a la inocente distopía
que la maquillo de utopía, de tus mentiras y culpables poesías
de mi grotesca y nada amable soledad
de mis recuerdos marchitos, de aquellos lirios pintados de azafrán.

Me duelen las alegorías y la vida pesa un monumento a tus desdichas
mentiras sidosas y salidas del pantano de tus sonrisas
no sabias del amor ni de las jóvenes pasiones que entrega un hombre
enamorado de la vida, de la que me quitaste y nunca partiste
pero ya no existes
asesinada están tus memorias en mi mente cabizbaja
ya no sufro una mierda, sin duda
ni por el día que me muera, ni por las noches que no duermes
ni por tus pasos moribundos, ni donde yo quiera rendirme

Soslayadas las caminatas tratando de perderte
de mi inconsciencia, de faros en piedra
de esconderme bajo la angustia
y enterrarme junto a mis prosas
déjame mutar la realidad
que me cuesta vivir en este delirio
naufragios mentales en mi destino
y tu voz perdida en el horizonte
párrafos nublados y la lluvia
enfriándome la mueca, un poco muerto ante el frió
y yo, aun sin darme cuenta.

Poema extraído de las madrugadas solitarias
Estilo: Poesía Maldita
Moribundo.

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Carta n°1

La luna era algo efímero
concepto sublime que te demostraba en esencia
no quisiera comenzar a desarrollar conceptos
ni en estas cartas ni en otras
la mente es debil
por cuanto las palabras quizás y ni tanto sobran

Pero no.
La luna tenia alas grandes y perfumadas
y de la metamorfosis temblaba su catarsis
una risueña manivela de cruces en el tiempo
una voz infantil increíble por el resto
te brotaban las rosas en cada estrella que pisaste
y te creía tus historias estelares
¿De que trata entonces todo esto?
un tumulto de abrazos inservibles
unos jarros rotos de luces psiquiátricas
unas pastillas inertes y promesas falsas
de pasados felices y un futuro prometedor

¿Dónde estás?
Se me perdieron las esquirlas que traía en el bolsillo
te vi pasar a mi lado en pasillos blancos color muerte
y trataba de buscar un porque a tus existencialismos infantiles
pero no te ofendas, infantilismo en nosotros era algo necesario
se nos había ido parte de la vida
y no pudimos recuperarla en otros.

Leía a Pizarnik y Cortazar
me decía casi berrinchudo
Pero ¿por que no puedo escribirte cartas si me quiero morir?
porque se me acababan los suspiros
cada noche que bebía una pizca de dolor.
Siempre me fue difícil llegar a ti
maldita consciencia y malditas diferencias
pero la noche tiene olor a perfume de mujer
pero no estabas caminando con tus sabanas
bajo esta luz enferma que me reflejaba
solo era una mera ilusión, tal como la felicidad
tal como mis sonrisas, tal como mis respiros.

Supiera la luna, que se me quiebran las disonancias
cada vez que se me escapa un gemido
a mis años el cuerpo me pesa no por viejo
sino porque el dolor agota el alma y soy un alma vieja
y tú una estrella muy joven para vivir en la Tierra
pero supieras querida, que cansado me traen las botas
porque el agua me enfría los talones
y ya no puedo caminar
me recuesto a tu lado aunque sea en los abrazos momentáneos
y aunque se me escapa la vida por los labios
quisiera gritarte que vivieras lo que a mi
la angustia me ha quitado.

Soy un alma vieja camino a mis velorios
y si no fuese ahora
se que tarde o temprano cojearía hacia mi destino
y si caigo en un psiquiátrico
que me fueras a ver como yo hubiese ido a sacarte.

Pero luna, estoy extenuado como mis palabras
y los versos caen moribundos a mis poemas
que ya no lloro porque no puedo
pero que en un abrazo soporto la alegría de tenerte cerca
amiga mía, la vida es una
aunque viajes en los tiempos lejanos
tu alma es joven y tus ojos expresan mucho.
Pero soy un poeta viejo en un cuerpo mentalmente arruinado
algo casi muerto, un poco ido

Un poco viejo…
un poco ido…
Un poco enfermo…
Un tanto muerto.

Luna bella, amiga mía
quizás lo entiendas, quizás no lo leas
pero hoy o mañana
sera esta mi despedida.
para ti, luz a las estrellas.

Carta extraída de las noches moribundas
Estilo: Surrealismo.
Moribundo.

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Grises plegarias

Caminos, grises y de asfalto
la arena clavada en mis pupilas cansadas
que piso mis memorias
la inconsciencia de mis dolores.

Me pesan los ojos y envejezco la sonrisa
y las murallas silencian los tumultos
calles solitarias, de recuerdos vendidos
y mi mente perdida, denarios sin brillo.

Un Cristo encadenado
las heridas sus ortigas
marcas en sus brazos
caídos mis pecados.

¿Dónde están sus cruces?
que las cargo en mi consciencia
llorando ladrillos de angustia
lamiendo el cemento agrietado.

Ventanas en blanco y negro
daltonismo en sus palabras
un romano en sus circos
condenado al olvido.

¿Dónde están mis cruces?
dichosos los ciegos y malditos
que el mundo es de los muertos
plasmada las discordias
y en velo, un sueño eterno.

Pies descalzos
quemadas las pupilas
y los versos ahogados
quebradas las mentiras.

Aun lo tengo y lo espero
no puedo y me enfermo
las cruces manchadas
un rezo y un beso.

¿Dónde están las cruces?
cayendo rió dentro
un Cristo medio muerto
y mi mundo, un sueño eterno.

Poema extraído de la hoja muerta
Estilo: Poesía Maldita
Moribundo.

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