La Célula Negra (Fragmento)

Criados los silencios malditos
en la celdas mortuorias
no nos parecía un gélido amanecer
del rayo gris enfermarnos desde el cielo.

Un cielo caído
en pedazos del cielo destruido
nuestra naturaleza distopica
en la pornográfica soledad del viento.

No los recordaba más distantes
que la nube caliente
pintando los cráneos del miedo
miedo de nuestra especie
miedo del futuro más lejano.

¿Qué nos caía desde el cielo?
Un castigo divino
sin los dioses de antaño
de religiones angustiantes
del diezmo podrido.

Salvar el alma en el suspiro
de las pústulas sangrantes aniquilar el grito
hospitales vacíos
gigantes murallas destruidas.

Toser el fierro oxidado
de la enfermedad del olvido
la silla eléctrica aferrada a su gloria
del filo de nuestros destinos.

Olvidando lo perdido
recordando el ocaso y sus ojos
le pedí dormir en una piedra sin espejos
hasta que viniera mi muerte.

Alesana y yo sabíamos
la noche oscura llevaría consigo un vientre
el silencio no encontraría fecundo el viento
ni la inocencia cargaría el útero mudo
del fuego saliendo del suelo.

Fragmento extraído de un bosquejo literario.
Estilo: Ciberismo.
Moribundo.

a2918a77d614727a56153f0099611b16

 

Anuncios

Tormenta sobre el silencio

La prosa fornicada sobre el duelo
la muerte acuchillada sobre el viento
el viento nos trae el agujero
el viento nos vence en la locura.

Es el viento el culpable
de la malparida levedad del silencio
ese silencio doloroso
pero tan silencioso que me duele escribirlo.

Era el silencio traído por el viento
mutilado en los abrazos perdidos
solo el viento nos devuelve el ser
de existir.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo

410935-670x378

 

In Réquiem IV

Afuera en la luna eterna
enemiga de mis temores
pero cobija de las angustias moribundas
quisiera callar los dolores.

Pero tienen la mejilla ensangrentada
de tierra que no palidece
de tanto suplicar sus perdones
amores solitarios
perdidos soñadores.

Le entrego mis venas
el cuchillo esta en su silencio
solo mira desde su altura
como omnipresencia inmutable.

Y pues mutaba los ahogos marchitos
la música desalineada
los tambores torturar la poesía
y todo estaba en completo silencio.

Como su indiferencia
que terminó por asesinar la noble amurallada
el marchito juglar de tiempos modernos
los malditos de épocas recientes.

Pero ya no estaba
ni siquiera mirando incrédula
quitada fueron de mis entrañas
la necedad del corazón hirviendo.

Yo la había dejado asesinarme
como muchos otros cuerpos desechados
y el camino era de muerte
un cementerio de ilusiones podridas
y un beso, que me quito de su orilla.

En la orilla estaba el acantilado desnudo
o quizás era el frió entumecerme las mejillas
que recuerdo estaban rojas como la sangre
y mutiladas, como mis deseos.

Será que escribo de la muerte cansada
de las madrugadas resilientes
y del perfecto egoísmo
de la esencia humana desconocida.

Nunca fue desconocida
solo perdida en el augurio
de castigar la débil inmortalidad jamas deseada
y de su memoria
que yacía suicidada en mis laureles.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo

thumb-1920-340290

El hombre enmudecido

Mirar a la luna de noche
es el consuelo del herido
la soledad es el instante
del suicidio a sus malezas.

Perdido esta el hombre
que amando se aventura al olvido
la enrabiada miseria y de sus suplicas
a la mujer que recuerda sus caricias
que no la puede odiar
que no la puede dejar de amar.

Perdido esta mi silencio
que me traiciona lo oscuro en las estrellas
y cuanto la abracé mimando su inocencia
con un cuchillo apuñalandome la infancia.

Tanto ella y yo sabíamos
que mi infierno era su ausencia

Y aún así se marchó
en silencio.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Malditismo
Moribundo.

2010

Infinitos

¿Qué sentido tenia despertar
en este bucle infinito?

Pisadas sobre la misma arena asqueada
tumultos que ya conocia en sus rostros
el mismo cuerpo y la misma almohada
las sabanas…
y el sudor impregnado de su ausencia.

Miradas penetradas
y la luz cobijando los dolores
la tristeza, quemandome las vidas
las pastillas que no te matan
y el alcohol que no te duerme
su carcajada resonando
y ya no la veo
ya no la encuentro.

La negra palpitando
en sus rojos delirios solitarios
que me mira pidiendo perdón
“¿De qué?” Le dije yo
de no saber vivir
y de crear un infinito desgraciado
un callado tocando el suelo
y una piedra, machacando sus infiernos

Aun así, ya no la veo
ya no la encuentro.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Poesía Maldita
Moribundo

indiferencia