Delirium

“Sólo puedo desprenderme de ti
si te desprecio.
Y necesito despreciarte”.

Mario Benedetti

Si, por ratos…
aún recuerdo el calor que expulsaban tus labios
tan cerca de los míos
por ratos sentía que el infierno no calentaba tanto
como para tener que enfriarme la consciencia con alcohol

Si… por ratos
por ratos creía en el amor sin ser romántico
algo realista y lleno de errores manoseados

Por ratos aún soñaba con una casa y viajes
que me dijeras que juntos tendríamos un hijo
aunque sé que no lo querías
por ratos aún pensaba en lastimar al borracho
a ese maldito que yace en mí

Optaré por emborracharme
como lo vengo haciendo desde que supe
que no tenia que enamorarme de nadie más.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Minimalismo.
Moribundo.

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El salto

No le llores al espíritu enfermo
que aún rotas, tienes alas para escapar
no te han sido usurpadas
por aquellos ladrones de alegría
ni la vida misma te ha desnudado en vergüenza.

Entonces mi cuerpo
que no es de viajes en trenes del recuerdo
respira agitado buscando una salida indolora
pues porque soy de vuelos
y aún tengo alas para volar.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo.

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Suelos mojados

Llantos sobre el delirio indómito
¿Qué te quita el sueño y la ausencia?
era el infinito deseo de ser amado
sin deshacerme en gritos infantiles

Era el llanto sobre la lluvia
o la lluvia era el llanto.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo.

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El verso nublado

Que algo le diga a mi alma que ha despertado, que frunciendo las sonrisas el verso a muerto esperando la vieja dicha, la dicha de ser feliz sobre el cambio.
¿Y por qué temo tanto al cambio?
La vida me ha girado sobre girasoles algo desteñidos, esperando la lluvia termine de colorear o quizás, de que la nieve quite el poco color que le queda sobre los pétalos agridulces.
He dicho, viviré, pero aquí me encuentro algo muerto, esperando balas sobre las luces que no llegarán, he sido estafado, sin duda
nada de lo que traiga el tiempo ha sido tierno, pomposamente cálido, por ende, solo queda recitar amarres perpendiculares sobre crepúsculos siempre eternos.
Lo dicho, que he dicho por cierto, esta sentado sobre mi cara paliducha, he bajado de peso no porque yo quiera, sido porque me he visto envuelto sobre lagrimas que succionan la valentía de seguir viviendo y ya no alimentan mis tripas inertes
solo alimentan un sentir que ya no me pertenece, he abandonado los cuerpos que alguna vez me pertenecieron
hoy no es mía la dicha, ni las ventanas semi abiertas
ni cada gota de alcohol brotar de mi sangre aparentemente triste
le dije, la angustia no tiene rostro ameno, pero aún así mi sentencia, que ha sido mía durante mucho – o eso creo. – no lleva consigo almohadas de descanso, sino espinas clavadas en la sien como quien fuera un crucificado maldito.
Se carga consigo, más que piedras y costales de frió,
frío tus sonrisas, frío que nada de lo que haga basta para que pueda hacerte levemente feliz, tu sin embargo, eres hermosa, despampanante ante los ojos agitados y he soñado con llevarme a mi pecho para que escuches que algo palpita.
No, no era un robot de Asimov, parecía ser humano aún todo agujereado por la frívola decencia de decir, “no te quiero”
nada es menos querible que yo estando así de muerto pero queriendo ser feliz, quizás solamente contento, o tal ves, simplemente tranquilo, sin sufrir, sin seguir sufriendo.

No, no lo he dicho todo, pareciera que el águila que alguna vez fuiste, hoy ya no tiene alas y ya saltar de los abismos no parece tan seguro, cada vez es más peligroso y me afrento a seguir insistiendo en querer saltar y pretender volar sobre mis brazos cansados.
Nunca tuvo rostro, lo dije antes, nunca tuvo rostro el que pretendía abrazar a cada enfermo de bondad que habita en estos mundos perplejos, nos había robado el alma y quizás el cuerpo, con toda certeza más bien, era lo único que me quedaba.

Ya no podía cargar con sus muertos
ya no podía cargar con mis versos enfermos.
Y ya no pude más.

Prosa extraída de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo

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