Marginal Manifiesto

¡No serán los literatos ni los aficionados quienes con sus dogmas de fe sobre la literatura nos coarten la libertad de escribir, de ser sencillamente poesía, de respirar el cumulo ingobernable de nuestras palabras sobre la espina de los versos!
¡No serán ellos, los que estructuran pilares ponzoñosos sobre la indómita levedad del inconsciente, quienes nos dicten como debe volar el espíritu, con sus alas en el suicidio benevolente que significa ser, en los tiempos del individualismo impenetrable!

Decir, soy yo
escribiendo sobre la métrica imperfecta
escapar de los dedos eruditos
lo que la historia ha hecho libre.

Decir, por ejemplo,
soy yo, estoy aquí
y me presento inquebrantable
frente a la lluvia inmortal
ser luz en medio de la noche fría
ser yo en medio de la disforia lúgubre
ser parte del paraíso incontrolable.

Decir, en cambio
eh aquí mis lágrimas
de aquí son los murmullos malditos
desde la decadencia parisina
hasta el marginalismo sudamericano
desde Verlaine a Rimbaud
de Pizarnik a Bukowski.

Es la estela salvaje
anarquía de mis prosas
decir, soy un maldito
y la piedra vuela calma
sobre el viento susurrando
¿Qué le susurra? lo que quiera ella oír,
es libre y omnipresente.

Es libre y quisquillosa
amante de mil versos
alarido de todas sus sinfonías
es letra tras letra
caer cascada abajo
en hojas manchadas por los recuerdos.

Decir entonces
soy yo, nube evaporada del gemido
depresión entumecida
y las llagas del dolor
decir, soy estrella sobre la luna
inagotable estrofa afable
decir soy un poeta maldito
desde el útero hinchado
hasta el sepulcro enmudecido
decir simplemente
soy yo, hasta el verso muerto.

Prosa extraída por la hoja libre
Estilo: Malditismo
Moribundo.

sr.0

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Paraíso Perdido

La nada de serlo todo
el luto de ser nada
la dicha de ser respiro
en unos labios desiertos.

Decir en silencio:
“de aquí, ya no vivo”
de aquí soy el cielo
que se cae como la lluvia nocturna.

En ese entonces
ya no somos los perdidos
solo un sonido de reloj
en una noche solitaria.

Tic tac…
Tic tac…

Y el cielo moribundo se nos va
se nos va, como preso de sus murmullos
pidiendo un abrazo que no llegará
pidiendo una palabra, que nos haga respirar.

¿Y cómo? Te repito
¿Cómo le decimos al mundo que la vida se nos va?
Partiendo por esas comas perpendiculares
ese punto silencioso.

Ese punto y coma
que me dice: “se nos va”
y se nos fue finalmente
en el crepúsculo, de sus penurias.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Malditismo
Moribundo.

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El Luto

Nada tenia el pensamiento
¿Pero a que tenia miedo?
Nada era el infinito
nada sin embargo, fue su todo
todo lo entregado
que se volvió la nada.

Nada tenia su lágrima terrible
la nada, de querer ser su todo.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Malditismo
Moribundo.

Las tinieblas de la vida

 

Orgullo y deseo

Yo no comprendo el tiempo
ni los rieles viajantes de las memorias
pero creo, por cierto
que no recordarás mis lágrimas
ni cuando el viento olvide tu nombre
ni cuando en la luna no tengas quien te extrañe
ni en las estrellas que ya están muertas.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Malditismo
Moribundo.

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Racconto

¿Y si se nos escapa la sonrisa
donde irán las miradas improvisadas?

¿Dónde irán las memorias perdidas,
los claveles desteñidos?

Algún lugar del cielo visto en tus ojos
cobijado en la certeza de vernos sonreír
anuda el viento bajo tu pelo quebradizo
y tus labios tatuando mi desvelo.

Pero eras tan real
que seguiría sonriendo.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Malditismo
Moribundo.

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Cosecha de mil ortigas

Nada sabe el viento
de las palabras guardadas
en tus heridas profundas

mirando de reojo los vastos ensueños
de la dicha de ser
simplemente ser.

Y que diga la fiebre ciega
que segada la ortiga de mis cosechas
no mantuve sus demonios
bajo la semilla de mis olvidos.

Que eran cientos y miles
las plegarias del enfermo corazón
mirando por encima
las palabras que le duelen.

¿A quien le duelen?
A ti, con destreza me invoco
sin embargo ya no vengo
ya no tengo donde ser yo.

Ya el paisaje de mis suplicas
esta manchado de la hierba mala
ya no puedo revolcarme en su mirada
ya no bastan los que llevan
la tristeza en sus ojos

Pero de todas formas
me recuesto o desmayo
como quieras describirme (o humillarme)
puedo mirar el cielo rojo
desde las ortigas de mi vida.

Poema extraído por la hoja libre
Estilo: Malditismo
Moribundo.

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