Psicopatología

Debiera decirte con un escarmiento ejemplar:
– estoy muerto.-
sin embargo la endeble soledad me mantiene vivo
como si esperase conociera algo más que la grosera agonía
como si procurase que los amigos (si es que así pudieran llamarse.)
les interesase que este vivo.
Mentira, los sentimientos son mentirosos
la locura me rodea de tal manera que, con frecuencia he pensado en el suicidio
y lo que me mantiene vivo es la desilusión de encontrar algo más que el dolor.

Pero, entonces… ¿porqué me mantengo tan vivo?
quizás me acostumbre al dolor, a la falta de cariño y a los claveles
jamas he tenido un clavel, ni cuando era el día del clavel en los colegios
no era el atractivo, ni el simpático,
era el callado, el gordo, el mequetrefe que tenia buenas notas pero que no servía para las mujeres, ni aun hoy lo sirvo pues me encuentro mayormente solo.
La gente, esclavos de lo mundano, no consideran el dolor de la soledad
comúnmente conviven entre armoniosos ensañamientos y mascarillas materiales
de lo material y lo inmundo, de lo que no se tiene
y que yo tampoco tengo.
Con frecuencia entonces me entretengo escribiendo
entre la sombra de una madrugada cualquiera
y los amigos que te dejan cuando dejas de sonreír
o cuando ya no quieres beber con ellos
– es que soy un pobre…-
mi alma es pobre y mi cuerpo, destruido
y que ya no amo
¿De que sirve amar?
me siento igual de solo, rechazado y los consejos de autoayuda
estilo Coehlo con una armadura oxidada
no sirven, son mentiras
mentiras como las cosas que te enseñan de la vida
mentiras, maquilladas mentiras
pues en su mentira ni siquiera pueden ser verdaderas mentiras
son simplemente, mentiras mentirosas.

Las pastillas ya no sirven
y el sexo que tan humanamente necesito ya no llega
el alcohol que pareciese cuidarme en verdad me esta matando
pero ya no tengo dinero para seguir bebiendo
entonces me cobijo en mi cama
en mi pieza que parece una sala de psicopatología
y me oculto de la luz del sol porque me sofoca
como me sofoca la soledad y el silencio de mi cuarto
el silencio, que me asesina por que las pastillas ya no sirven
no me sirve el desconsuelo, ni el amor que ya no espero
pues ya no lo espero, pues ya no me espero.
Aprendí que el silencio tiene matices,
notas musicales que son los artefactos que resuenan a mi alrededor
desde el do que suena en el reloj
hasta el mi sostenido que aparece en el refrigerador
(en verdad debería decirles C y E pero no estoy para tecnicismos baratos)
y la sorpresa de disfrutar el silencio ya se volvió una costumbre
como lo es la soledad y la carencia de humanos a mi alrededor
de el abrazo a una mujer y desde la maldita que se, me observa aun después de invalidarme como persona, si es ella, la que se fue pero vuelve.
¿Cuando tendrás la dignidad de irte?
no utilizo adjetivos para señalarte porque la discordia es suficiente
y el karma bajo las piedras que te apalean por tu maldad me reconforta
no fui un mal tipo, pero me hiciste podrido solo por amarte
y aunque han pasado años aun me mortificas con tu asquerosa presencia.
– ya no me quedan pastillas. –
y se me acaba el alcohol de la casa y mis zapatos me pesan más que de costumbre
– no tengo zapatos puestos.-
se que me pesa ya la consciencia y mi dolor es purificable
llévame donde me acojan porque me muero
aunque no por las pastillas,
sino, en vida.

Prosa extraída de la noche solitaria
Estilo: Malditismo, Prosa
Moribundo, al borde.

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Carta n°3

Tuya, la noche es tuya
la carta endeble me parece sincera
y un tanto mía
porque la soledad es noctambula
como mis pensamientos
como tus lunas

¿Cuanto me costo escribirte?
la vida entera…
pero la vida me era un segundo
este minuto marcando una hora
o quizás una vida entera.

Busqué toda la vida una amiga a quien escribirle
y que comprendiera tan bien como yo
que la poesía significa un fino escape
pero también muy solo y quijotesco
donde esa duda, maldita duda me cuestionaba
lo desagradable de vivir en angustia
una pluma, la que no tengo pero esta en mi mente
la que me comprende, que eras tu.

Estas tan lejos o yo te siento misera
misera porque no se expresar cariño
o porque la gente me corto las alas
y ya no se como querer ni como amar
pero tu me comprendes, amiga
quien le escribe a la luna un domingo por la noche
cuando todos duermen para laborar
cuando todos viven, para morir.
Y sin embargo eres tan linda, tan bella y tan dulce
tan guerrera que te escribo una prosa maldita
porque se que no te afectaran mis palabras sensibles
mis heridas del alma y con tu fortaleza me hago fuerte
y sin embargo aunque sonría, me quiero morir.

Los ángeles son cosa extraña
parecieran entre nosotros un morboso inhumano
inhumano pues no son humanos
pero tienen colas y patas como colchones
mejor que no sean humanos
son más puros que nuestros pensamientos
sé que sabes a que me refiero
y por tanto sabes porque luchar
¿Porqué luchamos? y se nos va la vida
luchamos por ellos, esos ángeles
que bosquejan sonrisas y narices resecas
pero que son ángeles sin estrellas
pues ellos son las estrellas
viajeras en los firmamentos
viajeros, de los recuerdos.

Y mientras tanto te escribo a ti
cansado de afirmarme la madrugada entre los hombros
pero escucho el silencio caminarme las palabras
durmiendo en las estelas,
en el frió de la muralla blanca
soy un viejo malherido
con los restos de mi conciencia
pero te escribo mientras puedo
y en las memorias, no te alejo.

Prosa extraída de las madrugadas solitarias
Estilo: Prosa, corriente de la conciencia
Moribundo

DON QUIJOTE Y SANCHO DE VICEN VAN GOGH

El suicidio de papel

“Caminito que el tiempo ha borrado, que juntos un día nos viste pasar
He venido por última vez, he venido a contarte mi mal. Desde que se fue
triste vivo yo. Caminito amigo, yo también me voy.”

Carlos Gardel – Caminito

Caían mis lagrimas manchando la luz que se me apago, un día Domingo que me sabe a cruces en mi espalda, cargo conmigo la piedra gitana, un brazo soñando que me cobijo en tu cristal.
Mancho mi ropa, que me desvisto y me aborrezco, marcado esta mi cuerpo en los dolores, que te fuiste y nunca más volviste, que me muero, que me duermo, que suplico no despertar.
Vidrios sobre lluvia, que me nubla la cabeza, que me enfermo por mi tristeza, que me olvido de tu voz, que no recuerdo quien soy, que me golpeo, que deseo no recordar. Unos granizos azotan mi cuerpo, tu mentira, tus palabras, que no me piensas, que me duele tu soberbia, que me arrodillo a la espera… – a tu espera – de apagarme mis plegarias, que ahora soy un niño y que no vuelvo y desespero, que ya no escribo, que me pierdo.

– Aún espero, aún me quiebro – 

¡Y que me azoto la cabeza contra el muro! Y que me quiebro en mil pedazos.
Llevo dos años y medio sin verte. ¿Que sera de ti? Que me caen las gotas, que me humedezco y que me nacen raíces esperando, una respuesta… – tu respuesta – y un centenar de buenas palabras en mi camino al loquero.

¡Que me encierren de por vida! – Y que boten las llaves.-

Que ya no siento el sol ennegrecerse en mi piel, que mis armarios guardar polvo y algo de ropa tuya que no puedo botar. ¿Que hago con ella? Son mártires silenciosos de lo que alguna vez hubo, que ya no queda nada y que me enciendo a lo bonzo, que me golpeo en la cabeza y se me caen las ideas, que se me caen las ideas pero no tus memorias, que aun me quedan las distancias y los dolores, tu indiferencia me azota la cabeza mil veces. ¡Que yo me azoto la cabeza contra el suelo!

¿Por qué no muero? – Porque estas muerto. –

Es verdad, el otro día me paseaba fuera de cada armería preguntando cuanto demoraba una bala cruzarme la sien, cien pesos a que duele menos que tu silencio. – Y duele menos. – Que no tengo tanto, que te lo dí todo y no tengo nada.

Las luces, las veo a lo lejos y en ellas olfateo cada peligro y miseria, como un huérfano del alma que fue abandonado a su suerte. – Y a nadie le importa. – A nadie le importa…
Cada día me suena la suela malgastada, que me duele caminar y que cojeo desde que te fuiste

¡Y que me azoto la cabeza contra el suelo!

Y que no importa nada, pasillos a media luna, jubilo entre mis lagrimas, tu cuerpo seducido…

– Mira que has manchado el papel. – Y claro que lo he manchado, que se me caen las risas mientras tu lloras cada noche – Es un espejo. – Y es mi espejo quien me llora y la poesía que te escribo y las promesas que se fueron y los hijos que no tuvimos.

Y los te amo, que no nos dijimos.

Se me quiebra la vida, se me ha rechazado la codicia de tenerte bajo mis sabanas porque era lo que me prometiste y que no estas porque te fuiste.
Y la miseria tiene colores turquesas y esmeralda, calipso entre tus miradas, la crueldad se viste de ropa negra y la muerte, se desviste frente mis ojos, porque sabe tengo frió y la vida me congela, porque te lo entregue todo, porque la noche me viola los pensamientos…

Porque ya no queda nada, te lo has llevado todo.
Mi vida.

Prosa extraída de los últimos suspiros.
Estilo: Poesía Maldita.
Moribundo.

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La casa de los espejos

Pesadilla tenebrosa, un paralelo de sensaciones superfluas que inundan mis largas y angostas noches con sabor a mañana y soledad. Quizás olvide tomarme la pastilla, un trago de licor y un cigarro encendido, mentirle al alma envenena los suspiros y tu, perdida creyendo no te veo, pero me ves a lo lejos como creyendo te condenaré por mis desgracias. Que habrás comido que adivinaste, criatura odiosa, enferma, que cree puede aferrarme a sus mentiras bastardas como hace un par de años. No soy el mismo niño imbécil que corría por verte, que creía en el amor como los cuentos que solía leerte guardándote un poco de esa inocencia que te fue violada en sus desgarros, pero hoy, te besas con quien te violo, porque la vida es enferma y yo me escapo de aquello aunque sin mucha suerte y algo cansado.
Cansado de mis viejos pretendientes que me soñé mirando la discordia un tanto viva, como el cordero que sabrá sera asesinado como mis sueños y te recuerdo cada noche los gritos tortuosos de mis lagrimas en tu ropa hoy perfumada con otros olores que no son míos, pero son de otros.
¿Pero que importa? Finalmente era lo que querías, siempre lo quisiste, un poco de intimidades somnolientas y de disparos desganados, de sueños ahogados en cariños tan ajenos, tan amorfos que perdieron consistencia y me preguntan porque lo sigues haciendo, me lo preguntan los versos y también otras calañas y verborreas. ¿Por que vuelves? ¿Porque te quedas? Nada tiene que recordarte a mi, tus manos ya no tienen mis ausencias y mis poemas ya no llevan tu nombre, no hablo de amores que me juraste ni de sueños que no cumplimos, sino de las veces que me mentiste y de las lagrimas que no se escuchan, que no se oyen…

¿Por que sigues viendo detrás de los espejos?
Tus miradas obtusas, mi miedo desechado
mi cama y mis almohadas
tu cama y otros te quiero
mis sueños vueltas madrugadas
tus madrugadas vistiendo de negro
mi enferma soledad y murmullos
tus cómplices mentiras con otros hombres
que miro al destino y contemplo que te vas
te quedas mirando a oscuras
quien te recuerdo y ya no deberías
pero te quedas sin tener porqué
y después te marchas y no vuelves
por favor, no vuelvas.

Me duermo en esas salas blanquecinas, colores tus cremas hoy pesadillas
quien fue ni que fuese lo que perdiste, pero volviste y ya no quiero verte
observas mis palabras, ya no son tuyas ni quisiera lo fueran, tan quisquillosas las miradas furtivas, tan amargas las prosas malditas, que nada me importa y que todo se olvida, que quiero desaparezcas, que me dejes vivir
que rompas los espejos y que brilles por tu ausencia
que ya no quiero, no te escribo, que te entierro en mis suspiros.

Prosa extraída de la hoja libre.
Estilo: Surrealismo
Moribundo.

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La triste sordera de los becerros

“Nada en mi espíritu quiebra esta agonía, nada que pudiese existir en este mundo perplejo ande la ceguera de los dolores, aunque recuerdo en mis pesadillas que alguna vez el amor inundo mis sonrisas, hoy extintas, hoy muertas.”

Comienzo sonriendo porque es costumbre, en estas maquinarias algo oxidadas llamadas manivelas de la vida, un suspiro que me oxida junto a ellas en lo que alguna vez quise ser, dijeran los muertos, el prefacio de mis largas caminatas a luz de cementerio en la luna que también se oxida, como la vida misma, en la espera de mis lagrimas ya cansadas de gritar que ya pare, pero al parecer no me oye o no me quiere oír, lo cual me ahoga en penurias disonantes y en penosos abandonos de mi consciencia.

Quisiera escupir al cielo y que no me acuchillara la inmortalidad, mis recuerdos hoy añejos y polvorientos me susurran que la deje ir, que ya no tiene sentido me encuentre noches escribiéndole a un fantasma, a la silueta femeninamente confundida que hoy abraza a otros cuerpos y al parecer de pies a cabeza, como si no bastara con enterrarme vivo en las sabanas ensangrentadas de mi locura moribunda, a mis pastizales hoy cortados como la yema de mis dedos hoy mutilados pero siempre atentos.

Dijera mi inconsciente suplicando: – ¡Por favor vete, corre, simplemente corre! – pero recuerdo que no tengo pies, que me fueron robados en la sordera de mis tristezas y me arrastré buscando una banca que me afirme, unas manos que me suban y que recuesten mi cuerpo desgarrado por la indiferencia. ¿Que fuera entonces de mis plegarias? Un enmudecido sentir de animales muertos y nubladas muecas, que desaparecen en la tierra lejana que llamo hogar y por tanto se hundieron en mis memorias un tanto difusas, pero que aun palpito con agobiante angustia. Nunca fui un soldado de mis decisiones y aunque contigo era una constante guerra tener que amarte, terminé sucumbiendo ante las heridas que provocaste en mi alma vieja y desgastada. Nunca te importó pereciera en tu destino nada escrito y me voy borrando como un poema en hojas del ébano apolillado. ¿Qué carcome mi consciencia? ¿Porqué lo menciono tanto? Y es que en el fondo he sido enterrado en los lirios rojos y negros de esas praderas en mis tumbas solitarias, sin que pareciera un homenaje a que te olvido pero no quiero, pues me voy ultrajando la dignidad al verte entregando el corazón como el cuerpo desnudo, como desollaban tus pétalos en una caza de promesas que no se cumplen pero que te desnudan y me violan los pensamientos un tanto dolidos y que no importa pues me voy muriendo y voy desapareciendo entre tus ojos cristalizados por la ausencia de felicidad. ¿Qué misterio ocultan entonces los latidos petrificados? Un posible, que acabo diciendo mil mentiras con tal que no te vayas, que yo me fuera y que tu te inmutes, que deslumbremos y yo lo miro todo, como un ser poco omnisciente pero bien presente en esta desdicha. Mis silencios, hoy cadáveres de que no supe como vivir y hoy tu infértil porvenir a mis caminos, no volverás ni en siglos del canto invisible ni en el nido del ave anidando, nos llueven las lagrimas de sangre en amores podridos, firmando en aquella estela solitaria que tenia tu nombre pero que he extraviado, quizás por una infantil desobediencia o porque mis manos no aguantaban el filo de tu indiferencia y me cortaron los vértices que ya no giran, pero que eran parte de mi locura por verte y que por tanto no giran porque no tienen destino, pues los perdí llorando en las esquinas violentas con cuerdas de revés, pero enredados en tus palabras, en tus calladas siluetas erotizadas y en mis vellos erizados por tus luces, hoy se apagan porque apagaste los teatros y no tengo donde actuar ni dormir, pues perdí el sueño como también perdí los versos y como lo busco entre mis cartas de antaños basureros entre mijadas de mis penas, porque recuerdo las penas y no calmo mis rabias porque tengo pena, pena que no comprendes ni te interesa comprender.

Deja que me cobre un verso
que se me cansan las prosas al recordarte
los ríos secos se inundan de tristeza
que los ahogo en memorias de pasados siempre nuestros
la lluvia llega sola
como la luna cada noche
es que se mueren y se apagan
en las sorderas de mis tristes becerros
ya no gritan ni se mueven
como mi alma al verte.
Simplemente lejos.

Sabia como dolía la espera y los años que me aferraba a mi extenuante amargura, los vidrios rotos cortaban mi cordura y los cristales en el aire me rozaban la ceguera penetrante, tanto como los toques que alguna vez te dí y que se apagaban en la luna, triste estrella moribunda, solitaria, pero gloriosa. Mil angustias entonces y mi abstinencia por verte, cual droga enferma que me duerma los rencores y me entregué a sus placeres mentirosos, sedadas estaban mis emociones muy humanas y salvajes por cuanto se me oxidaban las palabras y crujían mis caricias como si me estuviese enfermando de odios y síndromes de viejos achacosos cuando aun soy muy joven, pero de alma vieja… y es lo que importaba.

No tuve más que tus acuarios en risos celestes vagando por mi cama, azules y verdes como pantanos y corales vivos, todo lo demás te lo llevaste, mientras muero. Y sigo muriendo. Y te sigo extrañando.

Te sigo olvidando.

Sufro de las inclemencias del tiempo y borrosas son tus voces, pero se que aun persistes en entrar a corazones ajenos mientras abandonas el mio.

Y me sigues viendo.

Fuiste una carnicera de mis dolores manchados de angustia, de aquella angustia… ¿Por qué lo haces? Se me encierran las ventanas y se ocultan las luces en largos pasillos y pesadillas. A veces me cuesta entender si lo son, se asemeja mucho a la mutilada realidad donde me obsesiono con que me escribas y en vez me olvidas pero me ves a lo lejos, distante pero siempre hermosa. Deseo en llamas al mirarte, pero ya no deseo porque no puedo, aunque te desvista en mis sueños la verdad es más agria que posible, prefiero no pensar en aquello, pero pienso y me torturo en esos lazos de tiempo desaparecidos, te perdiste y conociste frazadas ajenas. ¿Que más puedo sufrir por tu culpa?

El cielo se nubla y las estatuas lloran sobre el mármol desteñido, tu dolor, perceptible quizás por mis ojos y los relojes girando en contrario tratando de volver con mis besos al pasado, maquina maldita de tuercas oxidadas y polvorientas, te encerraste en tus discordias como manzanas podridas y te inmaculaste sobre mi rostro inmolado, oscuro, lúgubre pasión que despiertas en mis noches ciegas, tortuosas, como laberintos de rosas y tú las espinas que clavas en mis ojos y mis pies. Es que gateo como un niño arrastrando las burdas distopias del corazón, un incierto paradigma que se agota como mis ansias de vivir, hoy ya no existen y no las encuentro en mis libros, ni siquiera ya en tu silueta pues el tiempo es ladrón y roba las remembranzas en mis poéticas distancias y me despoja de lo único que tengo y que lo pierdo.

Mañana sin ti, ya no tengo nada y me embriago por cierto de tus felicidades, pero me ves y yo lo veo, aunque no creas en mis palabras, te veo y tu no me ves, tampoco te creo nada, pero creo que te quiero porque sigo sufriendo, aun sigo vivo y tu te marchas dejando a medio abrir las puertas sin saber por qué o si te gusta saber que existo y te veo, pero cada vez me muero.

¿Donde están los felices gorriones?
Perdidos en un bosque de niebla, buscándose.
¿Donde estas?

Prosa extraída de la hoja libre
Estilo: Surrealismo.
Moribundo.

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Epopeya a distancia

“Nos permitiremos amar mientras el alma resista y nos permitiremos sufrir mientras la vida no se escape de las manos”

Cuando es que la vida era como un cuento de hadas
esos nostálgicos versos que nos leían de pequeños
y era que de siempre nos criaron como príncipes y princesas
asumiendo que ciertos valores como la lealtad o el respeto
existirían cuando buscáramos al otro en este largo viaje
la vida era más cruda de lo que parecía
salimos a la calle y las casas no eran castillos
ni los caballos en arrieros grandes caballeros en noble corsel
ni los valores alguna vez valiosos significaban algo en esta mentira
ni que tu tan lejos ni yo tan cerca me creyera un príncipe azul
ni creyera como siempre me hicieron ver que debía salvarte
como dura era la vida que alguna vez te abrazo
contaban los cuentos que los príncipes azules existían
y que mientras veíamos por la televisión las guerras y toda manifestación
nada parecía a lo que nos relataban en los libros del colegio
y que mientras a ti te excluían por ser morena y tranquila
a mi me alejaban por ser callado y buen niño.
Y mientras tu vivías tu vida yo vivía la mía a medio día de distancia
pasaron los años y los cuentos eran cada vez más etéreos
ya la droga no te llevaba al país de Alicia
ni la prostitución del centro de la ciudad parecían carrozas alegóricas
ya los viejos cansados e inmutados no te veían como una niña
y ya no te leían cuentos sino solo regaños día a día
mientras yo intentaba sobrellevar las burlas y los desprecios
odiaba como un niño a lo injusta de la vida
y era que los cuentos eran disfraces y los valores mentiras que nos decían
y era que el amor que alguna vez viviste con quien te humillo en tu cumpleaños
solo eran mentiras y disfraces
era que el respeto y la lealtad eran simples palabras de una retorica simple
y aunque querías arrancar de la realidad no podías aunque quisieras
y yo me daba cuenta que no sirve de nada ser un príncipe azul
en un tiempo de burdos patanes
donde la gente nos mentía y el sueño nos apagaba la vida.
Pensaste que el amor era un mero intercambio de sexo
mientras yo pensaba que el sexo era un mero intercambio de mentiras
pero te fuiste contentando y fuiste siendo niña
y disfrutaste de los libros y la bella durmiente ya no era tan bella
mientras paseaba en el látigo de un hombre que la utilizaba y no la amaba
el era un príncipe azul, de azul apagado que nos mintieron los cuentos
y que la literatura erótica nos hizo creer que era sano
la humillación y el desprecio de quien dice amarnos
y me presentaste el cuento como quien relata su pasado
mientras la vida venia y me confundía
pensábamos que así era el amor, algo dolido y suficiente
como una hoja cortándote los dedos
y era que los sueños de niño no eran la realidad de grandes
o como yo me imaginaba la vida y tu el amor.
Sacaste en ese instante una abofeteada de destiempos
y yo me revolcaba como un estúpido creyendo que me querías
solo era el principio del fin de los amores modernos
solo era el fin de los principios modestos
y mientras sentía dolor en el corazón
disfrutaba del sexo de un amor falso
cuando sabia que no lo habías disfrutado
no como con tus amores pasados
y mientras el lápiz hacia tic
se me caían las esperanzas junto al lápiz
y ya la poesía no era verdadera, sino mera mentira.
y la vida se nos acaba en el aplauso de las mascarillas.

Enciende un cigarro y mira a tu alrededor.
¿Que te hace falta?
mira de nuevo, mira bien
no me odies ni escupas al cielo
¿Que os falta?

¿Que os falta para vivir?

Prosa extraída de las noches letardadas
Estilo: Corriente de la Conciencia.
Soñador.

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Naturaleza Perdida

Somos el prefacio de la crisalida inquebrantable…
del corazón putrefacto de sensaciones superfluas y de lagrimas sublimes,
de la inmensidad de la conciencia y del abismo de los deseos…
de la oscuridad del alma y del beso dementor de la agonía más lúgubre y penetrante…
somos los que alguna vez fuimos y ahora nada somos,
más que polvo estelar de lo que nuestro pasado glorioso desmembraba infinitamente sin resplandor ni recuerdos…
somos una estrella difuminada en el ocaso de los principios y el kosmos,
de la materia que se hace antimateria y de los rayos solares que romper el espacio tiempo
y lo hacen crecer como rupturas en los anales de nuestra historia,
somos partículas dentro del big ban y seres metafísicos buscando el perdón de nuestras acciones palpables
y de nuestras luces extinguibles… somos poesía y antipoesía,
y rompemos esquemas dentro de donde nunca los hubo, el tiempo y el amor…
Fuimos lo bizarro de lo que nunca fue sano y las palabras desechables de lo que otros quisieron de nosotros sin pedirlo ni dar nada a cambio,
solo fluidos y roces perversos entre maquinaria que se destruye en el oxido de nuestras plegarias por terminar y convencer…
somos el odio y la pasión plasmada en la muralla de los lamentos
y el aceite de nuestra silueta pegada en la exclamación de nuestros gritos de furia y descontrol por manifestar,
somos la ira descarnada de los golpes y los ojos rojos entre el futuro y nuestro presente que da por escribir,
somos simplemente lo que asesina sin barbarie, si no además lo que tarde o temprano terminara con nuestra naturaleza desconocida… somos los olvidados del vació…

Prosa extraida de la hoja libre

Estilo: Ciberismo, Terror Cosmico, Corriente de la conciencia

Soñador

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