Amnesia acongojada

Tumultos, mi crisálida perdida
extraviada en los rincones de mi memoria
de blanco y triste
azufrosa mentira distante
que me piden lo que no tengo
pero encuentro un sentido
a lo que siempre fue distante
un respiro, un motivo
un simple motivo de porque respiro
pero se me fue
el ultimo suspiro
cabizbajo los tumultos dichosos
y las rocas caminantes
pateadas entre tanta gente
como mis desgracias
hoy perdidas entre tanto mundo
cristalizadas como un capullo
casi a romperse como un alter ego
algo enfermo pero bien maltrecho
y aquellas ramas, quebrajadas
como un cuadro de ajedrez
como un beso de vidrio
en tus labios de hierro oxidado
de tantos niños que has destruido
hoy la vasija de greda
mañana, la discordia hecha en piedra
y mis recuerdos
bien perdidos
y tus ojos
ya no los encuentro.

Poema extraído de las noches solitarias
Estilo: Surrealismo
Moribundo. 

georgechristakis9

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Titulo VI

Tengo un simple verso que he perdido
que no encuentro ni en mis poemas
se que lo tengo pero se ha perdido
como la luna escondida
entre mis soles y tus memorias.

Me he perdido entonces
buscando canelas en los papeles antiguos
matando la rosa que se vuelve negra
y tu sonrisa, un gran olvido en mis peligros
que ya no temo y que me encuentro
que ya no pierdo nada con buscarme
que lo he extraviado en mis lunares
en mis tediosas pesadillas
en mis sueños algo lentos
en tus maravillas y en mis besos.

Cristalizado mis fúnebres pétalos
pisados en tus lagrimas y rosas rojas
mi gran historia que no tengo
que ya no bebo pero por ti bebía
que nada tengo, me han robado
y ya no queda nada de ti en mi piel
que me oculto bajo la piedra
que la doy vuelta y ya no veo
en los ocasos grises y plasmados
en mis formas y ver el mundo moverse
que me entierro y miro las estrellas
todas cabizbajas y un poco añejas
le pido un deseo, uno muy simple
que me deje soñar, que no me olvide
que ya me bebo los licores
destilados de dulces promesas
en un bar camino a la calle
que me embriago y duermo en ella.

Ya no me pierdo porque se que vivo
que no escribo destino incierto
que ya no la busco pero aun me mira
cobijando las tormentas
petrificándome en un libro
y aun la espero
aun la espero.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Soñador.

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La casa de los espejos

Pesadilla tenebrosa, un paralelo de sensaciones superfluas que inundan mis largas y angostas noches con sabor a mañana y soledad. Quizás olvide tomarme la pastilla, un trago de licor y un cigarro encendido, mentirle al alma envenena los suspiros y tu, perdida creyendo no te veo, pero me ves a lo lejos como creyendo te condenaré por mis desgracias. Que habrás comido que adivinaste, criatura odiosa, enferma, que cree puede aferrarme a sus mentiras bastardas como hace un par de años. No soy el mismo niño imbécil que corría por verte, que creía en el amor como los cuentos que solía leerte guardándote un poco de esa inocencia que te fue violada en sus desgarros, pero hoy, te besas con quien te violo, porque la vida es enferma y yo me escapo de aquello aunque sin mucha suerte y algo cansado.
Cansado de mis viejos pretendientes que me soñé mirando la discordia un tanto viva, como el cordero que sabrá sera asesinado como mis sueños y te recuerdo cada noche los gritos tortuosos de mis lagrimas en tu ropa hoy perfumada con otros olores que no son míos, pero son de otros.
¿Pero que importa? Finalmente era lo que querías, siempre lo quisiste, un poco de intimidades somnolientas y de disparos desganados, de sueños ahogados en cariños tan ajenos, tan amorfos que perdieron consistencia y me preguntan porque lo sigues haciendo, me lo preguntan los versos y también otras calañas y verborreas. ¿Por que vuelves? ¿Porque te quedas? Nada tiene que recordarte a mi, tus manos ya no tienen mis ausencias y mis poemas ya no llevan tu nombre, no hablo de amores que me juraste ni de sueños que no cumplimos, sino de las veces que me mentiste y de las lagrimas que no se escuchan, que no se oyen…

¿Por que sigues viendo detrás de los espejos?
Tus miradas obtusas, mi miedo desechado
mi cama y mis almohadas
tu cama y otros te quiero
mis sueños vueltas madrugadas
tus madrugadas vistiendo de negro
mi enferma soledad y murmullos
tus cómplices mentiras con otros hombres
que miro al destino y contemplo que te vas
te quedas mirando a oscuras
quien te recuerdo y ya no deberías
pero te quedas sin tener porqué
y después te marchas y no vuelves
por favor, no vuelvas.

Me duermo en esas salas blanquecinas, colores tus cremas hoy pesadillas
quien fue ni que fuese lo que perdiste, pero volviste y ya no quiero verte
observas mis palabras, ya no son tuyas ni quisiera lo fueran, tan quisquillosas las miradas furtivas, tan amargas las prosas malditas, que nada me importa y que todo se olvida, que quiero desaparezcas, que me dejes vivir
que rompas los espejos y que brilles por tu ausencia
que ya no quiero, no te escribo, que te entierro en mis suspiros.

Prosa extraída de la hoja libre.
Estilo: Surrealismo
Moribundo.

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La triste sordera de los becerros

“Nada en mi espíritu quiebra esta agonía, nada que pudiese existir en este mundo perplejo ande la ceguera de los dolores, aunque recuerdo en mis pesadillas que alguna vez el amor inundo mis sonrisas, hoy extintas, hoy muertas.”

Comienzo sonriendo porque es costumbre, en estas maquinarias algo oxidadas llamadas manivelas de la vida, un suspiro que me oxida junto a ellas en lo que alguna vez quise ser, dijeran los muertos, el prefacio de mis largas caminatas a luz de cementerio en la luna que también se oxida, como la vida misma, en la espera de mis lagrimas ya cansadas de gritar que ya pare, pero al parecer no me oye o no me quiere oír, lo cual me ahoga en penurias disonantes y en penosos abandonos de mi consciencia.

Quisiera escupir al cielo y que no me acuchillara la inmortalidad, mis recuerdos hoy añejos y polvorientos me susurran que la deje ir, que ya no tiene sentido me encuentre noches escribiéndole a un fantasma, a la silueta femeninamente confundida que hoy abraza a otros cuerpos y al parecer de pies a cabeza, como si no bastara con enterrarme vivo en las sabanas ensangrentadas de mi locura moribunda, a mis pastizales hoy cortados como la yema de mis dedos hoy mutilados pero siempre atentos.

Dijera mi inconsciente suplicando: – ¡Por favor vete, corre, simplemente corre! – pero recuerdo que no tengo pies, que me fueron robados en la sordera de mis tristezas y me arrastré buscando una banca que me afirme, unas manos que me suban y que recuesten mi cuerpo desgarrado por la indiferencia. ¿Que fuera entonces de mis plegarias? Un enmudecido sentir de animales muertos y nubladas muecas, que desaparecen en la tierra lejana que llamo hogar y por tanto se hundieron en mis memorias un tanto difusas, pero que aun palpito con agobiante angustia. Nunca fui un soldado de mis decisiones y aunque contigo era una constante guerra tener que amarte, terminé sucumbiendo ante las heridas que provocaste en mi alma vieja y desgastada. Nunca te importó pereciera en tu destino nada escrito y me voy borrando como un poema en hojas del ébano apolillado. ¿Qué carcome mi consciencia? ¿Porqué lo menciono tanto? Y es que en el fondo he sido enterrado en los lirios rojos y negros de esas praderas en mis tumbas solitarias, sin que pareciera un homenaje a que te olvido pero no quiero, pues me voy ultrajando la dignidad al verte entregando el corazón como el cuerpo desnudo, como desollaban tus pétalos en una caza de promesas que no se cumplen pero que te desnudan y me violan los pensamientos un tanto dolidos y que no importa pues me voy muriendo y voy desapareciendo entre tus ojos cristalizados por la ausencia de felicidad. ¿Qué misterio ocultan entonces los latidos petrificados? Un posible, que acabo diciendo mil mentiras con tal que no te vayas, que yo me fuera y que tu te inmutes, que deslumbremos y yo lo miro todo, como un ser poco omnisciente pero bien presente en esta desdicha. Mis silencios, hoy cadáveres de que no supe como vivir y hoy tu infértil porvenir a mis caminos, no volverás ni en siglos del canto invisible ni en el nido del ave anidando, nos llueven las lagrimas de sangre en amores podridos, firmando en aquella estela solitaria que tenia tu nombre pero que he extraviado, quizás por una infantil desobediencia o porque mis manos no aguantaban el filo de tu indiferencia y me cortaron los vértices que ya no giran, pero que eran parte de mi locura por verte y que por tanto no giran porque no tienen destino, pues los perdí llorando en las esquinas violentas con cuerdas de revés, pero enredados en tus palabras, en tus calladas siluetas erotizadas y en mis vellos erizados por tus luces, hoy se apagan porque apagaste los teatros y no tengo donde actuar ni dormir, pues perdí el sueño como también perdí los versos y como lo busco entre mis cartas de antaños basureros entre mijadas de mis penas, porque recuerdo las penas y no calmo mis rabias porque tengo pena, pena que no comprendes ni te interesa comprender.

Deja que me cobre un verso
que se me cansan las prosas al recordarte
los ríos secos se inundan de tristeza
que los ahogo en memorias de pasados siempre nuestros
la lluvia llega sola
como la luna cada noche
es que se mueren y se apagan
en las sorderas de mis tristes becerros
ya no gritan ni se mueven
como mi alma al verte.
Simplemente lejos.

Sabia como dolía la espera y los años que me aferraba a mi extenuante amargura, los vidrios rotos cortaban mi cordura y los cristales en el aire me rozaban la ceguera penetrante, tanto como los toques que alguna vez te dí y que se apagaban en la luna, triste estrella moribunda, solitaria, pero gloriosa. Mil angustias entonces y mi abstinencia por verte, cual droga enferma que me duerma los rencores y me entregué a sus placeres mentirosos, sedadas estaban mis emociones muy humanas y salvajes por cuanto se me oxidaban las palabras y crujían mis caricias como si me estuviese enfermando de odios y síndromes de viejos achacosos cuando aun soy muy joven, pero de alma vieja… y es lo que importaba.

No tuve más que tus acuarios en risos celestes vagando por mi cama, azules y verdes como pantanos y corales vivos, todo lo demás te lo llevaste, mientras muero. Y sigo muriendo. Y te sigo extrañando.

Te sigo olvidando.

Sufro de las inclemencias del tiempo y borrosas son tus voces, pero se que aun persistes en entrar a corazones ajenos mientras abandonas el mio.

Y me sigues viendo.

Fuiste una carnicera de mis dolores manchados de angustia, de aquella angustia… ¿Por qué lo haces? Se me encierran las ventanas y se ocultan las luces en largos pasillos y pesadillas. A veces me cuesta entender si lo son, se asemeja mucho a la mutilada realidad donde me obsesiono con que me escribas y en vez me olvidas pero me ves a lo lejos, distante pero siempre hermosa. Deseo en llamas al mirarte, pero ya no deseo porque no puedo, aunque te desvista en mis sueños la verdad es más agria que posible, prefiero no pensar en aquello, pero pienso y me torturo en esos lazos de tiempo desaparecidos, te perdiste y conociste frazadas ajenas. ¿Que más puedo sufrir por tu culpa?

El cielo se nubla y las estatuas lloran sobre el mármol desteñido, tu dolor, perceptible quizás por mis ojos y los relojes girando en contrario tratando de volver con mis besos al pasado, maquina maldita de tuercas oxidadas y polvorientas, te encerraste en tus discordias como manzanas podridas y te inmaculaste sobre mi rostro inmolado, oscuro, lúgubre pasión que despiertas en mis noches ciegas, tortuosas, como laberintos de rosas y tú las espinas que clavas en mis ojos y mis pies. Es que gateo como un niño arrastrando las burdas distopias del corazón, un incierto paradigma que se agota como mis ansias de vivir, hoy ya no existen y no las encuentro en mis libros, ni siquiera ya en tu silueta pues el tiempo es ladrón y roba las remembranzas en mis poéticas distancias y me despoja de lo único que tengo y que lo pierdo.

Mañana sin ti, ya no tengo nada y me embriago por cierto de tus felicidades, pero me ves y yo lo veo, aunque no creas en mis palabras, te veo y tu no me ves, tampoco te creo nada, pero creo que te quiero porque sigo sufriendo, aun sigo vivo y tu te marchas dejando a medio abrir las puertas sin saber por qué o si te gusta saber que existo y te veo, pero cada vez me muero.

¿Donde están los felices gorriones?
Perdidos en un bosque de niebla, buscándose.
¿Donde estas?

Prosa extraída de la hoja libre
Estilo: Surrealismo.
Moribundo.

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Los inmundos quiltros

Perdidos
perdidos las resacas de mi alma
que disparo flores sabor a clínica blanca
veo los soles como lunas golpeándome la ausencia
y los perdidos, bellos perdidos
buscando refugio en la tierra blanca color a sangría
me pierdo y busco ayuda
y me entierran los gritos de mis versos en pena
me oculto en la herida abierta
y los amarres, benditos amarres
azotan mi jubilo y lo vuelven cristales rotos
y me corto conmigo mismo y vuelve la dicha
pues soy feliz porque vivo
y no soy feliz pues me muero
¿Que pasa con los perdidos?
tristes perdidos, solemnes perdidos
rechazados, inmundos, basura ensimismada
¿Y que pasa conmigo cual soy un inmundo?
pues me pierdo con los perdidos
cavamos la tumba enterrando las sonrisas inertes
y tu pálida mueca me dice mucho
que andas perdido buscando encontrarte
bienvenida a la desdicha
que me pierdo por seguirte
y el niño bebe los cristales de sus lagrimas
y tu lloras y te miras al espejo
alambres en tu cintura
borrones en los pechos
y el feto entre tus piernas.

Válgame los buitres entre santos temores
que me esperan para mascar los amores podridos
las rosas y los anillos
malditos anillos de mis penas
de los perdidos que se endeudan
de los quiltros que aman mucho
se pierden entre mares dolorosos
en su angustia y su pena
los cantores escuchan entre las estatuas
de mis tumbas más solitarias
así quien desespera el espíritu
se desarma como una muralla de papeles
el pobre, triste pobre
quien madruga para ser alguien
cual obrero, manchado de carbón y la mano del patrón
el poeta, suicida poeta
que escribo y no muerdo
pero soy un maldito
en las inmundas plegarias de mi muerte
los siempre olvidados
y del susurro en los baldíos suspiros
de los cementerios tus ojos perdidos
y el pequeño entre mis brazos
que lo lloro y lo recuerdo.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo

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Sanatorio

“Reafirmo con espíritu inquebrantable que me quiero hundir en el olvido más doloroso, que el sobrehumano esfuerzo por vivir cuando triste el beso llora me hizo perder la consciencia, hundirme para seguir muriendo.”

Vengan los versos en tazas de espinas un poco añejas
pastillas en bolsas de litio que calman mi hoguera
buscando sonreirle a la muerte
que me mira desde la esquina, a la vuelta de la vida
le pedí me hiciera un favor un poco engorroso
que me tomara los habidos trasluces en mi pecho desangrado
le dije que enviudara mis letargos en los huesos negros de mi alma
nadie sabe que me hundo y que me pierdo
las hermosas malditas ya no surten efecto en mi inconsciencia derrumbada
y los ojos mirando fijo, mis cementerios de recuerdos podridos
nunca pudieron quitarme los gritos en mi cuerpo y contigo.

Tumultos erguidos en ciudades sin rostro
soñé que rezaba a una virgen sin saber su nombre
que me tomara de la mano y me llevara por rumbo perdido
duermo escondido en mi pieza mental
los rayos de sol me parecen efímeros y el cariño algo mentiroso
como las promesas que hoy guardo en papeles quemados
en tragos amargos y tu voz golpeando mi mente
los inmundos perplejos olvidados en alegorías infantiles
y mis versos son besos a la tierra en mis polvaredas oscuras
en mi cama y en los tubos de metales oxidados
que me muero y que no pido me des la mano
que me sigo muriendo y muriendo
y digo ¿Porqué?
Pero que importa, las pastillas no surten efecto
y mis memorias se pierden en el consciente colectivo
ya no me peino y la oscuridad parece una buena amiga
la única que me cobija en sus brazos algo fríos
pero abrazos fin y al cabo, de los que no tenia hace un tiempo
el asfalto burdo calienta mis manos
y el hambre me parece un cuento de fabulas ingenuas
maltrechos rechazados en paginas ilustres
de estatuas y tumbas de palabras y te extraño
y de como entro y lo dejo
y me enfermo en las esperas distantes
y me cobijo en la poesía
y me muero plasmando ortigas.

¿Que come la ruda que crece entre los muertos?
Quisiera mi alma lucida caminar entre lo vivos
como fuese lo que callo en la noche que enfría mi alma
que ya no tengo alma para seguir viviendo
apago las velas de mis pasados tambaleantes
que soy un moribundo escribiéndole al aire
las hojas en la piedra muere
como mueren tu caras en mis recuerdos podridos
no tengo nada más que un suspiro
que me pide llore ayuda
me entumezco como un niño en el seno
que tus senos alguna vez dormían en mi rostro
hoy abrazo lagrimas en pisadas de discordia
más no quisiera volverme un enfermo
bebo libre el licor en tu veneno
que me crucificó las distancias malditas
no quiero y no quise verme partir
pues te reflejo en mis deseos nada alegres
toma un alfiler y perfórame los brincos a mi torpeza
que me sangran los dolores y decaigo en mis fantasmas
tráeme las rosas y los lirios en blanco y negro
que no veo distinto, pues perdí los colores en el camino
hoy te duermes en mis perdones
que no tengo a quien perdonar ni ver vivir
más que a mi propia vida
más que a mi propio destino.

No veré más luces en mis túneles mentales
que me pierdo y que no quiero salir de ahí
Solo, en mi camino.

Poema extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Moribundo

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Rosas Moribundas

“Camina en el pasillo de lo inmutable, entierra llorando los pétalos antiguos y cobija en el alma la belleza moribunda, lo que yace bajo la siembra”

Atrae a la distante muerte un frasco de vino
todo lo que fuimos se hace lejano
como un pasillo la inocencia del niño quebrajado
y escribe poesías en la lagrima perdida
de mis inviernos funerales y las estatuas carmesí
de las pesadillas y los recuerdos difusos
mientras caminamos descalzos los gritos de la discordia
desnúdate el alma y déjame violarla
como besos enmudecidos en las noches mas solas
masturba la belleza de los ocasos
mientras no recuerdo quien soy
me pierdo solo en las guerras mundiales
y las rosas tapan gritos de carros fúnebres
solo tomé tu mano y quede con ella en vez de tus pasos
caminaba solo en mis pasos cansados
y las luces parecían un hermoso espectáculo
caía mi piel como perplejo los amados súbitos
y mi cara sonreía mientras la muerte me buscaba
toque su dedo como me abrazó despierto
y me hundí en la tierra como naciera de ella
fuimos arena en las playas de sangre
mientras perdía mi humanidad en ese pasillo de rosas
oré por mi alma perdida en ese destino inquebrantable
y pedí por descansar en paz.
quiero dormir en los pasados y murmullos
mientras escuche mi voz pedir a la muerte llevarme
rogándole al destino abismos de piedad.

Fuimos arena en las playas de sangre
mientras perdí mi humanidad en ese pasillo de rosas.

Fragmento extraído de la hoja libre
Estilo: Surrealismo
Soñador.

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